Mermelada (por Escribidor)

Esta es la tÃpica historia
del hombre que se levanta hambriento,
con tanta fiebre por probar la mermelada que compró ayer
que tira directo hacia la despensa
y abrir la bolsa del pan es una bofetada matinal,
porque sólo queda la rebanada culera,
que se la coma el que la quiera:
este es el tÃpico hombre que vive y habla solo.
Entonces baja a comprar sin ni siquiera peinarse las greñas,
porque el protagonista de nuestra historia lleva melena
y justo ahora se ha puesto una diadema y ha bajado a la calle,
y ha sido pisar la acera y calcular la pérdida de tiempo:
que si compra pan, que si sube a tostarlo,
por hoy será mejor comer tostadas de bar.
Pero justo hoy no le queda mermelada al gallego del bar,
fÃjate de paso que esta es la tÃpica historia
en que sólo hay personajes y situaciones tipo,
sabido como es que siempre habrá un gallego que tendrá un bar
y un momento en que se le acabará la mermelada.
Nuestro protagonista, que más que hambre tiene antojo de mermelada,
acaba tomando un café sin más acompañamiento
que el guitarreo de una canción estándar
que el transistor mezcla sin gracia
con el ruido de las señales horarias.
***
Pip pip, ahora es la alarma del casio,
que le suena dÃa si dÃa también
desde que fuera regalado por el cumpleaños del reloj.
Es hora de abrir la tienda,
porque nuestro prota lleva reloj, melena y el mando de una tienda.
De ordenadores y uesebés,
de vÃdeojuegos y deuvedés.
Si su madre arregla igual un roto que un descosido,
él igual una ristra de parabólicas
que un virus troyano con muchos números al costado.
Pocos clientes por la mañana,
leerse tres diarios gratuitos, pensar en la mermelada.
Llega rápido la hora del menú de cada dÃa,
de verle de nuevo la cara al gallego.
De primero sopa de, de segundo patatas con.
Y de postre sorpresón: tarta con mermelada, que llega tarde pero llega.
Y el hombre, que lo cavila todo mil veces,
¿ya lo sabe el señor?, lo siento, todavÃa no,
decide que mejor aplazarlo:
por qué empacharse con mermeladas tabernarias,
si al llegar a casa te espera tu mermelada.
La tarde pasa despacio, los minutos caminan lentos y descalzos,
como aquel procesionario que viste en el telediario.
Una tienda cerca de un colegio: niños en manada.
Los hombres del mañana, vaya hijos de puta.
Pero al final no es para tanto,
ya vuelve a estar el protagonista rumbo a casa,
con la mano izquierda agarrando fuerte la nueva bolsa de pan,
la derecha acariciando suave las llaves del bolsillo,
para llegar antes.
Cuando finalmente llega
ve que su madre lo ha arreglado todo
de arriba abajo:
rotos, descosidos, negruras y desórdenes.
Hay una nota en la tabla de planchar:
he tenido que llevarme la mermelada,
voy a hacer una tarta y en el Caprabo no quedaba.
Esta es la tÃpica historia
del hombre que de tanto esperar se queda sin mermelada.
Pero que lejos de tirarse los pelos,
(que los tiene largos y eso duele)
prefiere escribirse un happy end aun con faltas de ortografÃa.
Por eso se duerme pensando
en la divorciada que huele a mermelada
que es como debÃa de oler Audrey Hepburn
y hoy en la tienda le ha dicho sin venir a cuento
lo guapo que estás cundo te recoges el pelo.
Esta es la tÃpica historia:
todo el que tenga un boli sabe escribirla.
Franceses en dos kilos de páginas. Japoneses y toreros en dos palabras.
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Señoras y señores, este es el Escribidor. Nunca un nick tan apropiado para un hombre que se dedica profesionalmente a los duros mundos del periodismo y de la música. Si tienen alguna duda, compruébenlo.
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18.12.06
Lo bueno
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Ok. Comprobado.
Y ahora me voy a comer una tostada.
Con mermelada, o en su defecto aceite y tomatito (y jamón) que es la solución que esta heroÃna tiene para estos trances vitales: Si la vida te niega la mermelada, ponte ciega de jamón. Con chorreras, of course.
Yo es que es oir la palabra mermelada y acordarme del famoso affaire de ricky martin, la niña y el perro.
No era un perro, era un oso hormiguero. Y no era mermelada, era vaselina.
Lo demás está bien.
Y de postre fruta del tiempo, pan gaseosa y vino peleón
Me rio, pero creo que yo no tengo nada para mañana, hay que joderse…
Me ha encantado el relato.
Cojonudo
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