Síndromes

No es verdad eso que dicen de los límites indefinidos cuando hablan de que tal o cual asunto se sitúa en ese límite borroso en el que la ley no está clara. No es verdad y lo he descubierto en las carnes ajenas a lo largo de mis últimos viajes. Cuanto más te acercas al borde de algo más claro está ese borde: Roncal es el último valle de Navarra antes de Aragón, y sus habitantes son más reivindicativos y sienten EuskalHerría en su sangre más que los de Pamplona. En las fronteras los odios se incrementan. El taxista Andoni es de Valcarlos, un pueblo aduanero que es mitad francés mitad navarro. El taxista Andoni tiene una monovolumen y lleva a peregrinos de un lado para otro cruzando fronteras diariamente. Nos dijo: “tened clara una cosa: no hay francés bueno” –menos los que yo hago, pensé-. D. José es de Ordesa y suele ir semanalmente al país vecino, pero cuando nos llevaba a ver sarrios se levantaba de repente con gran sobresalto y nos arrebataba los prismáticos de un tirón cada vez que veía que algo se movía en el horizonte. Mirad! Son franceses! Mécaguen!.
Parece que algunos sufren todavía el síndrome de la invasión napoleónica Y en cambio cuando se mira un mapa las fronteras encajan tan bien entre sí, son como las dos partes de una nuez, como ese caramelo tofee que se pega a las muelas, esos bordes que se acoplan tan bien el uno al otro.
En las casas la situación no es mucho mejor. Cuando mis padres se mudaron cambiaron su cama de matrimonio de colchón único por dos colchones unidos. Ahora cada uno sabe cuál es su límite y a partir de dónde no puede invadir el espacio ajeno. Los vecinos de enfrente les tienen envidia porque su plaza de garaje es más cómoda y dejan la basura maloliente en el rellano como castigo y el portero del edificio se lleva mal con el de al lado porque le echa las hojas secas a su trozo de acera.
Sin embargo he comprobado que no hay nada más placentero que violar los límites, cortarlos con cuchillo de carnicero en pequeñas rodajas muy finas. Hacer pandi con los vecinos, irme al otro barrio y volver, situar un pie bajo la lluvia y otro donde no llueve. E invadir la casa de superchurri y decirle esta casa también es mía eh. Abrir su nevera, comer su comida, ponerme su ropa y usar sus toallas. Y luego dejarlo todo muy muy desordenado, para poder sentirme como en casa.
Porque ponerle puertas al campo es, realmente, de subnormales. Qué quieren que les diga.
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17.01.07
Lo malo
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Y eso que no he hablado de Palestinas, Pateras, Guantánamos y Etcéteras.
¡Ya te digo! Pero fijate qué cosa, a mi los límites que me imponen son los de los otros. No puedo pasar si no me dan permiso. Así que es el límite reflejado en el límite reflejado en el límite.
Lo que pasa es que yo soy una boluuuudaaa…
La foto la pueto ud. de ESE TAMAÑO para traspasar también algún tipo de límite… supongo.
claro, para saltarme las reglas de la sociedadANOnima
Nonono. Los límites claros y el chocolate espeso conservan la amistad.
Era broma, Srta. Cuchillo.
Ud. puede (y debe) traspasar todos los límites que quiera, que para eso están. Es más, en socieDADAnonima estamos pensando en contratar a un equipo de asesores externos para diseñar nuevos límites con el único fin de que ud. los cruce.
encantada de cruzar las líneas de SUCIEDADanonima, es lo que más me pone
A mi hay un límite que no me gusta traspasar. El de velocidad.
Y soy vasco de Euskalherria. Asi que, supongo, que esto se puede tomar como un guiño que ayude en “el proceso”.
pd: Navarra, Nafarroa, como decimos en Lingua Vascorum (Lingua Navarrorum), es bellísimo lo mires desde donde lo mires.
Yo no te diré nada, pero tu superchurri a lo mejor sí
los límites, se supone, no son más que un método de identificación; de lo que es, luego de lo que no es (lo que no puede ser). De nombrar diría yo más bien, porque no definen, sino que sobre todo reducen, impiden, coaccionan, censuran todo lo que está fuera.
Si mi nombre es mi límite y lo que soy, y deja fuera lo que no soy (y no puedo ser) quizá prefiera ser el ente X, que vive en X y que salta de X en X
cierto, burma, pero si eres el ente X que vive en X entonces no podrás ser el ente Y que vive en Y, es mejor ser nadie, él es el único que no tiene límites, porque no existe
(nadie, por favor, entre al trapo como es debido)
Gracias Cuchi, pero lo de que no tengo límites (si bien no es absolutamente mentira) es un poco exagerado.
En la actualidad llimito al sur con la Isla de Java y al norte con Alfa Centauro.
Pero planeo expandirme.
Las limitaciones existen; las fronteras, no.
Los límites puede marcarlos uno mismo y los necesitamos: lo que no haces te define tanto o más como lo que sí haces.
Las limitaciones suelen escapar a nuestro control y son una putada. Para superarlas nos dotaron de inteligencia, afán de superación y/o instinto de supervivencia.
Las fronteras las marcan otros y son una convención. Existen sólo para quienes creen ellas. Y para quienes las demarcan, que son los mismos que construyen esos muros.
El chauvinismo es un derivado de la ignorancia. Se suele curar viajando. Lo demás (la envidia, el odio, la mezquindad) no sé si tiene remedio.
eso es el muro que construyó Israel en Gaza?
que gusto!
por fin alguien que escribe bien en este puto blog!
.
quería decir quiero borrar todos mis comentarios, incluído este y abandonar todas la barreras, fronteras, pasos, pasadizos, pasillos.
porque
ahora quiero ser bueno
.
Demasiado tarde, Jo lin. :D:D:D
Yo aseguraría con un 90% de seguridad que sí, que eso es el muro que rodea Gaza. Aunque podría ser cualquiera de los tropecientos muros que han ido construyendo en suelo palestino, claro. A su lado el de Berlín era una vallita.
Para saber dónde está realmente el límite hay que ir del otro lado.
Límites y barreras se construyen por todas partes. Por eso era más lindo antes, cuando los límites eran naturales: una cadena montañosa por aquí, un río por allá, una quebrada y una falla. El límite estaba marcado por lo que podíamos alcanzar. Cada vez alcanzamos menos y encima hay más límites. Y aunque ahora haya más puentes, también hay más peaje, cagoentó.
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