Mis pensamientos no son yo. Están ahí. Se mueven en mi cabeza como las nubes en el cielo.
Nubes infinitas, grandes o diminutas, blancas, negras o casi transparentes, ligeras o pesadas, ahora nítidas ahora borrosas, cargadas de agua o electricidad…
Que puto misterio. A veces las nubes parecen quietas pero siempre están en movimiento, aunque no sepan donde van. Incansables. En transformación constante. Eternas. Van a la vez que vienen. Se están disolviendo y ya se están volviendo a formar.
Y después están las palabras. Este torpe invento. Son como pretender explicar una nube con una foto.
Cosas raras que pasan. Le cuento a un casi desconocido que este invierno posiblemente el Guitar Hero haya salvado mi vida, él me habla de un juego de su infancia llamado El Rescate Espacial y bla bla bla bla… Una cosa lleva a la otra y 3 cafés, una hora y 2 tequilitas después ya hemos repasado toda nuestra biografía pasada y posiblemente futura.
Volviendo a casa, esperando el autobús bajo una lluvia tonta que ni moja ni ná, no puedo dejar de quitarle el polvo a esos viejos juegos olvidados que encuentro en el trastero de mi cabeza.
El camioncito Duravit… el LudoMatic… el Mecano… los Rastis… el Cerebro Mágico….
Y ahí me paro.
¡¡El Cerebro Mágico, joder!! ¿Cómo puede olvidarlo? ¿Conocisteis el Cerebro Mágico? A ver… googlemos… hmmmmm. Si. Mirad, era este:
Era el típico juego educativo compuesto por una serie de cartulinas de colores con preguntas y respuestas y con dos cables con los que tenías que unir una pregunta con la supuesta respuesta correcta. Cuando lo hacías bien se encendía una pequeña bombillita y habías ganado. Había preguntas de matemáticas, historia… biología… literatura… ciudades del mundo… Al principio era divertido, casi todas las preguntas eran lo suficientemente fáciles para acertar a la primera y si no, arriesgabas… Hasta que un día te dabas cuenta, a base de jugar, que a la pregunta de la primera fila a la izquierda le correspondía SIEMPRE la segunda respuesta de la última fila de la derecha. Pusieras la cartulina que pusieras. Ya estuvieras hablando de los aztecas o de mamíferos invertebrados… la respuesta correcta siempre estaba AHÍ. Inamovible. Y lo mismo con todas las preguntas y con todas las respuestas. La segunda de la primera fila correspondía con la tercera de cuarta. La tercera con la última de la derecha… Y así TODAS.
No sé porque me acuerdo de esto ahora.
Recuerdo con ternura la sensación de euforia y orgullo por haber descubierto el truco cuando miré la parte de atrás del juego y descubrí los toscos circuitos que conectaban cada puta respuesta con su puta pregunta. Recuerdo esa emoción. Recuerdo esa vanidosa y torpe sensación de inteligencia.
Recuerdo como a partir de momento no perdí ni una partida.
Y recuerdo como al poco tiempo el juego empezó a aburrirme.
Duerme, duérmete ya, mamá.
Duérmete y descansa en paz.
Por hoy ya no debes de hacer
nada más.
No quedan cuentos para contar.
Recuerda, mamá,
no eres sólo mamá,
recuerda que sabes volar,
que sabes de amor
y de risas
y besos,
que tu cuerpo aún es dulce,
que aún siente el deseo mamá.
Duerme, duerme, duérmete en paz, mamá.
Mañana todo cambiará.
Tu hijito se cuida, tranquila mamá.
Que tu peor pesadilla no sea estar despierta.
Abre los ojos sin miedo, mamá,
tu hijito echó al coco, no volverá más.
Cuando abras los ojos va a empezar el sueño,
más lindo y hermoso que nunca has tenido, mamá.
Que ya pasó todo,
que dentro de poco
se arreglará todo.
Abre los ojos sin miedo, mamá.
Que no tengas miedo,
que dentro de poco
pasará todo.
Que ya pasó todo,
que muy pronto todo esto
sólo será un mal sueño
que queda muy lejos,
un sueño lejano
que ya está olvidado,
un sueño nomás.
Que no tengas miedo, mamá.
Todo el mundo me dice “no seas raro”,
hasta los raros me lo dicen.
Todos dicen “buenos días” por la mañana,
y cuando comen todos dicen “que aproveche”.
Todos dicen “buenas noches” por la noche,
“por favor cuídate” y “se bueno”.
Todo el mundo dice las mismas frases,
aunque dudo de que signifiquen la misma cosa.
Todo el mundo dice
“la hierba es más verde siempre en otro lado”,
“haz las cosas bien” y “no hables con extraños”,
“jódete y aguanta”, y “no la cagues”.
Y “nunca juzgues un libro por la portada”,
y “hagas lo que hagas no tientes a la suerte”.
Todo el mundo promete amor eterno,
aunque dudo de que todos creamos en el mismo Dios.
Anda hijo, sumérgete en el océano,
verás a las mujeres llorando,
y ahora… sube a la montaña,
¿ves? los hombres también están llorando.
- Papá…¿por qué todas las mujeres están llorando?
- Lloran por sus hombres.
- Y… ¿por que los hombres están llorando?
- Están llorando por lo que dejan atrás.
Esto es una canción que llora.
Una canción para llorar.
Mientras los hombres y las mujeres duermen.
Esto es una canción que llora.
Pero yo no lloraré mucho más.
- Papá… ¿por qué todos los niños están llorando?
- Ellos simplemente gimotean, hijo.
- Oh… ¿sólo gimotean, padre?
- Sí, el llorar verdadero ya llegará.
Esto es una canción que llora.
Una canción para llorar.
Mientras los hombres y las mujeres duermen.
Esto es una canción que llora
Pero yo no lloraré mucho más.
- Dime papá… ¿Estás llorando?
Noto tu cara mojada,
papá… lo siento tanto…
nunca pensé que llegaría a hacerte daño.
Esto es una canción que llora.
Una canción para llorar.
Mientras nos acunamos, intentando dormir.
Esto es una canción que llora.
Pero yo no lloraré mucho más.
Pero yo no lloraré mucho más.
Pero yo no lloraré mucho más.
Pero yo no lloraré mucho más.
…volviendo a casa, sobre la marcha y sin pensarlo mucho me bajé del metro dos paradas antes porque se me ocurrió que en una pequeña biblioteca que nunca antes había visitado tendrían ese libro que hace un par de semanas me está buscando sin encontrarme, y efectivamente, allí estaba, pero no era eso lo que quería contar, sobre la marcha y sin pensarlo mucho, insisto, pasó que al llegar a la boca del metro pasé de largo y seguí caminando, empezó a llover, muy tímidamente, crucé una calle, dos, despacio, tres, nunca había visto esta parte de la ciudad a esta hora, como cambian las cosas cuando cambian los colores, pienso, y pienso tambien en tomar nota mental de lo que veo: un ciclista con prisas, una mujer con dos perros, un viejo que corre persiguiéndose a si mismo, el frío, la lluvia, otro perro solo (suelto, libre?) que me mira y me explica algo que no entiendo del todo (y me hace sonreír), un todoterreno que casi me mata (hijoputa!!) , una mujer que espera casi dormida bajo un paraguas rosa, dos amantes que se autoengañan dulcemente, otro ciclista luchando contra el tiempo… y muchas, muchas, muchas, muchas, muchas cosas más… decido apagar mi mp3 para poder captarlo todo y entonces además… percibo los olores, curioso, huele a tierra aunque solo veo cemento… y tambien huele a cielo estrellado aunque no se ve una puta estrella… todo es raro, me siento más extranjero que nunca, pero no era eso lo que quería contar… sobre la marcha (y sin pensarlo mucho) decido doblar en la siguiente esquina y atravieso el parque en sombras en sentido circular, o sea: suponiendo que alguien hubiera atado un hilo al centro de mi casa y en el otro extremo estuviera yo, ahora estaría dibujando un círculo como con un gigantesco compás cósmico… no sé muy bien a donde voy, o si lo sé… vengo de A y voy a B, solo que me resisto a hacerlo en línea recta, o no me resisto, joder, resistir es una palabra TAN rotunda… y ya están aquí otra vez los olores, me gustaría aprender el nombre de estas plantas (para poder olvidarlos) pero escucha… ¿por qué el sonido está tan bajo? ¿quién diseñó esta banda sonora? ¿y la lluvia? en algún momento ha dejado de llover, no ha llovido mucho, sólo lo suficiente para que se mojen mis zapatillas y hagan FLIS FLASH cuando camino (esa manía de meterte en todos los charcos, diria mi madre)… entonces salgo del parque y veo: tres viejos y un niño esperando un autobús, un dominicano que sale del bar para hablar por teléfono porque dentro la pachanga es infernal, una chica muy guapa que cruza mi camino sin mirarme porque está jugando con su PSP (no te hagas ilusiones, de cualquier manera nunca te miraría)… y lo de siempre: motos que juegan con los coches que juegan con los peatones que juegan con… sonrío otra vez… pero no era eso lo que quería contar… en fin, no sé… finalmente llego a casa, enciendo la radio, me quito la cazadora, las zapatillas, me pongo una cerveza, escaneo la nevera para planificar algo parecido a una cena y aparece mi perra, sonrío otra vez (pienso: hoy he sonreído tres veces y ninguna dirigido a personas)… ella insiste, me mira, ok, ok, capto el mensaje, me pongo otra vez las zapatillas, la cazadora y volvemos a empezar…
Esta mañana alguien me dijo que “el dolor era inevitable pero el sufrimiento opcional”. Palabras, pensé, a veces abrigan y siempre disfrazan.
Después, en la calle, vi una paloma picoteando los restos de un vómito reseco. Imágenes, pensé, soluciones buscando un problema.
Entonces imaginé a ese pájaro levantando vuelo, más libre y borracho que nunca, y estrellándose contra una torre de esas que el progreso levanta de la noche a la mañana. Fantasías, dirás tu, horizontes, inalcanzables por definición.
En fin. No se muy bien adonde voy y supongo que nada significa nada pero estoy cansado de estar cansado.
Vuelvo a casa tarde, o temprano, según se mire.
El panorama es desolador, como es habitual. Decido acabar con mi amigo Jose Cuervo, pero el sol que entra perpendicular por la ventana de la cocina desata el mecanismo de gestos automáticos de supervivencia y termino poniendo la cafetera.
Al olor del café mi perra se acerca, entre las ruinas, con su mirada de maestro zen.
Le pregunto telepáticamente ¿sabes que estamos en un año nuevo? ¿sabes que, hagamos lo que hagamos, el tiempo se nos escapa entre los dedos?
Y ella me contesta ¿Me vas a bajar ahora, o tendré que cagar debajo del puto arbol de plástico, como el año pasado?
Un día soñó que era otra persona.
Parecida a como era ahora, pero otra.
Y en el sueño parecía muy feliz.
O no tanto, tal vez.
Pero un poco más que ahora.
Quizás.
Somos raros los humanos.
Intentamos cortar el tiempo como si fuera un chorizo y repartirlo en rodajas más o menos iguales.
Enero, Febrero, Marzo…
Y nos gusta pensar “Se acabó, empecemos otro.” Como una barra de pan. Como la pasta de dientes.
2006, 2007…
Pero el tiempo es muy suyo. Y nunca se acaba del todo.
“Es como un río.” - dijo no-se-quién - “se supone que en algún momento ha empezado y se supone que en algún lugar acabará… pero vete tu a saber”.
En fin. “Que más da.” – piensas – “lo importante no cambia, sólo se mueve.”
Y supones que te irá más bien o menos mal dependiendo en que sitio exacto estás en un momento concreto.
“Es como buscar sitio para aparcar en el centro de la ciudad”.
O no. Joder.
Porque tu puedes vender el coche y comprarte una bici, o ir en autobús. O ni siquiera ir a ningún lado. Puedes decidir quedarte en casa. Pero el rumano que se mató en el andamio, o el inmigrante que se ahogó en el estrecho, o la pobre mujer que mató su pareja a hostias ya no pueden elegir.
En fin.
Me voy por las ramas.
Siempre me pasa cuando empieza a acabarse el whisky, digo el año.
Hay que sacarle
jugo a la vida,
hay que vivirla
con alegría,
hay que estar sonrientes
como en el ayer.
Hay que sacarle
jugo a la vida,
y que la tristeza
se muera enseguida.
Y que el mundo ruede
digan lo que digan.
Hay que darle al cuerpo
todo lo que pida.
No hay que preocuparse
por cosas del pasado,
no hay que desgastarse
por lo que no ha llegado.
Hay que preocuparse
por vivir el presente,
lo que el cuerpo pida
hay que dárselo vigente.
Si quiere cerveza…
le damos cerveza.
Si quiere un vino…
le damos un vino.
Si quiere refrescos…
le damos refrescos.
Si quiere comida…
le damos comida.
Si quiere ir a la playa…
vamos a la playa.
Si quiere Las Vegas…
vamos a Las Vegas.
Si quiere deportes…
le damos deportes.
Si quiere descanso…
le damos un descanso.
Porque al fin la vida
se vive una vez.
Al cuerpo hay que darle
una vida de rey.
Vivamos alegres
como debe ser.
Lo que el cuerpo pida
hay que dárselo bieeeeeeeen.
Las venticuatro horas del día
quiero estar sedado.
Nada que hacer
y ningún sitio donde ir,
quiero estar sedado.
Solo llévame al aeropuerto,
y méteme en un avión,
corre, corre, corre…
antes de que me vuelva loco.
No puedo controlar mis dedos,
no puedo controlar mi cerebro.
Oh no, no, no, no.
Las venticuatro horas del día…
ponme en una silla de ruedas
y méteme en un avión.
Corre, corre, corre,
antes de que me vuelva loco.
No puedo controlar mis dedos,
no puedo controlar mi cerebro.
Oh no, no, no, no.
Las venticuatro horas del día
quiero estar sedado.
Nada que hacer
y ningún sitio donde ir,
quiero estar sedado,
ponme en una silla de ruedas,
y llévame a un concierto.
Corre, corre, corre,
antes de que me vuelva loco.
No puedo controlar mis dedos,
ni mis pulgares.
Oh no, no, no, no.
Las venticuatro horas del día…
ponme en una silla de ruedas.
Oh no, no, no, no.
Bo – bo – bo – bo.
Bo – bo – bo – bo…
¡Quiero estar sedado!
Bo – bo – bo – bo.
Bo – bo – bo – bo…
¡¡Quiero estar sedado!!
Bo – bo – bo – bo.
Bo – bo – bo – bo…
¡¡¡¡¡¡Quiero estar sedado!!!!!
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