Hola amiguitas y amiguitos. Hoy vamos a hablar de un tema que levanta pasiones… ¡¡La FILOSOFÍA!!!
¿Recordáis aquel mítico encuentro Alemania-Grecia?
Vamos a verlo…
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Se abre el debate…
La primera pregunta es obvia… ¿Estaba Sócrates en posición adelantada?
Luego… ¿Fué Confucio totalmente objetivo o inconcientemente “sentía cierta simpatía” por el estilo de juego griego? ¿Podemos hablar de “tongo”?
¿Y cómo es que Santo Tomás de Aquino, como juez de línea, no invalidó la jugada? ¿Estaría rezando?
¿Está Marx demasiado gordo?
¿Eran relevantes los argumentos de Hegel y Kant para anular el gol?
¿Podríamos considerar el gol griego (y por ende todo el partido) como una entelequia dialéctica?
¿…?
Hasta ahora era difícil encontrar un plan menos seductor que pasar la tarde del sábado de compras en IKEA, pero pronto esto cambiará ya que los creadores del ultraviolento GRAND THEFT AUTO acaban de anunciar el próximo lanzamiento de la útima perversión en materia de juegos: El Sims2 Ikea Home Staff.
Un pack que pronto nos permitirá pasar ratos inolvidables obligando a estos pobres liliputienses a perder tardes enteras de su pequeña vida digital montando estanterías LACK, mesitas LIKSVIK o escritorios HITTAN entre otros muchos e impronunciables muebles y accesorios de la marca sueca.
(¿dícese de a quien se le han muerto
el padre y la madre
o uno de los dos,
especialmente el padre???)
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Y ahora contestad algunas preguntas…
¿Conserva nuestro lenguaje una carga sexista?
¿Habría que cambiarlo?
¿Cuantos (o cuantas) “miembros” de la RAE son mujeres?
Squonk es un pájaro imposible de cazar inventado (o recordado) por Borges. Cuando los cazadores atrapan un Squonk, el animal simplemente se disuelve en lágrimas. El final del cuento dice algo así como que abren la bolsa y el fondo está mojado…
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Lo elegimos por título para una revista de historietas que hicimos con unos chicos en el primer año de democracia en Argentina, hace media vida. Digamos: algunos eran chicos, otros teníamos más de veinte. Entre ellos estaban Pancho Sastre y Gardel Machi, que hoy hacen (con otros nombres) “socieDADAnónima”. De la misma edad era Palmieri, alias Palmi, que hoy trabaja como redactor publicitario y ha escrito algún libro acerca del tema. Supo tener un dúo que se llamaba Souto-Palmieri y era un cago de risa. Me acuerdo del estribillo de uno de los hits: “yo no quiero ser scout/no me gusta, no soporto/me conformo con ser boy/y no usar pantalón corto”. También había una pareja de dibujante y guionista - Charli Masci y Cármen- que hoy viven en Madriz y tienen una hijita muy mona. Ahora son diseñadores gráficos y creadores del blog La Trattoría Online (hoy cerrado). Pancho y Gardel se fueron para motherland, España, el mismo año que ellos. Había una chica punk que era super aguda llamada Liliana, supe que después tuvo algunos problemas y parece que al fin hoy es feliz. Otra historietista petisa, muy bonita, y de la que no puedo acordarme el nombre, que se fue a vivir a Israel . Y Alejandro Taliano, que se acaba de comunicar conmigo porque me encontró en Facebook. Y Morbo, el autor del dibujo de Batman gordo, al que también le pasó lo mismo.
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De los más jóvenes, trabajaba con nosotros Axel Kutchetwatsky, el que ahora dirige La Cosa (entre otras cosas alucinantes que hace). En el momento de Squonk tenía… ¡12 años! Trabajo infantil no siempre es delito. Había otro genio total de doce o trece: Biko, del que aún atesoro varios dibujos firmados y espero que algún día se comunique conmigo o con alguien… Y Hazel…
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Extraño esa época de comer fideos sentados en el suelo, y de tantas otras cosas. Habíamos hecho antes “El cerdo Pancho”, y antes ellos venían de editar “El agujero negro”. Todas de comics underground. Fotocopias y malas impresiones engrampadas en casa, vendidas por nosotros a nuestros amigos y a cualquiera que apareciera con dos australes. Los lectores prontamente se convertían en actores y se venían a comer a la redacción de Carranza. Una época divina. Jugábamos al diccionario y salíamos en patota a ver películas bizarras en cine clubes que se caían a pedazos.
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Tanto “El agujero negro” como “El cerdo Pancho” no pasaron del número uno. Por eso Squonk empezó a salir por el número cuatro. El cinco, el último al que llegamos, tuvo una contratapa en la que se promocionaban los tres primeros Squonks inexistentes, con historietas inéditas de Moebius y Pratt. Era un buen chiste: si los lectores compraban esos números, completaban la colección. Dibujamos una tapa cada uno, Pancho, Gardel y yo, llorando de la risa, una tarde perdida en Lanús.
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Dos meses después de saberse que Squonk no salía más por problemas económicos, nos hicieron una crítica en la revista Fierro. El cronista afirmaba que habíamos crecido considerablemente en los últimos dos números. Y criticaba por encimita el snobismo de los tres primeros. Nadie supo nunca dónde los había leído. En qué universo paralelo de historietas. El día de hoy, si aún los tiene, se los compro. Me muero por leerlos.
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“Salva al que llora”, es el lema de Alphaville, una película de Godart. La primera vez que la vi me aburrió; ahora salí emocionado. Squonk se nos disolvió en lágrimas en el medio, debe ser por eso.
- ¿lo tienes? pilla también las dos entradas y después echa unos planos en los servicios.
gilipollas. ¿crees que soy un novato? se muy bien lo que me hago.
- tranquilo sargento.
sigo con la cámara el recorrido del cuerpo desde la puñalada en la garganta, “un corte limpio, de unos 8 cmts, desde la oreja derecha hacia adelante, bajando menos de 1 cm., poco profundo, lo justo para seccionar la carótida”, sigo desde la puñalada, decía, hacia abajo. recorro el abrigo entreabierto, el traje, los zapatos mocasines. a la derecha a medio metro, la bandeja. mucho mas lejos una taza y un bollo. poca sangre. se mezcla con el café con leche…
- ¿trabajas o estás de vacaciones?
- ya lo tengo.
PAUSE. voy a los lavabos, lo recorro todo, como siempre. primero un plano general y despues, sin cortes, los detalles, el lababo, el espejo (hola cabrón, que careto, a ver si nos afeitamos), el suelo, los urinarios, el suelo. todo muy limpio. Aquí no hay nada. STOP.
- ¿ya?
- ya está.
pasan los de las huellas. y esparcen sus polvitos. a ver si me puedo tomar un café con leche que aquí hace un frio de cojones.
-uno largo de cafe y una ensaimada. el empleado no me oye o no me cree. se lo repito. - uno largo de cafe y una ensaimada. me lo pone. Pombo me vé y también se pide un café.
- un tajo guapo.
- ¿ajuste de cuentas?
- vaya a saber. el tio parece gay.
siempre pensé que para ser detective en homicidios bastaba con tener los prejuicios muy claritos.
- ¿gay? ¿por qué?
- bla bla bla… la respuesta ni la oigo. que más da. será “crimen pasional” entonces. recorrerán los locales de ambiente y apretaran a un par de chaperos a ver si sale algo.
- póngame otro largo de café. hace un frio de tres pares de cojones. muy raro para esta época del año.
Mis pensamientos no son yo. Están ahí. Se mueven en mi cabeza como las nubes en el cielo.
Nubes infinitas, grandes o diminutas, blancas, negras o casi transparentes, ligeras o pesadas, ahora nítidas ahora borrosas, cargadas de agua o electricidad…
Que puto misterio. A veces las nubes parecen quietas pero siempre están en movimiento, aunque no sepan donde van. Incansables. En transformación constante. Eternas. Van a la vez que vienen. Se están disolviendo y ya se están volviendo a formar.
Y después están las palabras. Este torpe invento. Son como pretender explicar una nube con una foto.
“Tenemos empleos que odiamos
para comprar mierda que no necesitamos.
Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos.
No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión.
Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida.
Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios,
dioses del cine o estrellas del rock,
pero no lo seremos y poco a poco nos estamos dando cuenta
Cosas raras que pasan. Le cuento a un casi desconocido que este invierno posiblemente el Guitar Hero haya salvado mi vida, él me habla de un juego de su infancia llamado El Rescate Espacial y bla bla bla bla… Una cosa lleva a la otra y 3 cafés, una hora y 2 tequilitas después ya hemos repasado toda nuestra biografía pasada y posiblemente futura.
Volviendo a casa, esperando el autobús bajo una lluvia tonta que ni moja ni ná, no puedo dejar de quitarle el polvo a esos viejos juegos olvidados que encuentro en el trastero de mi cabeza.
El camioncito Duravit… el LudoMatic… el Mecano… los Rastis… el Cerebro Mágico….
Y ahí me paro.
¡¡El Cerebro Mágico, joder!! ¿Cómo puede olvidarlo? ¿Conocisteis el Cerebro Mágico? A ver… googlemos… hmmmmm. Si. Mirad, era este:
Era el típico juego educativo compuesto por una serie de cartulinas de colores con preguntas y respuestas y con dos cables con los que tenías que unir una pregunta con la supuesta respuesta correcta. Cuando lo hacías bien se encendía una pequeña bombillita y habías ganado. Había preguntas de matemáticas, historia… biología… literatura… ciudades del mundo… Al principio era divertido, casi todas las preguntas eran lo suficientemente fáciles para acertar a la primera y si no, arriesgabas… Hasta que un día te dabas cuenta, a base de jugar, que a la pregunta de la primera fila a la izquierda le correspondía SIEMPRE la segunda respuesta de la última fila de la derecha. Pusieras la cartulina que pusieras. Ya estuvieras hablando de los aztecas o de mamíferos invertebrados… la respuesta correcta siempre estaba AHÍ. Inamovible. Y lo mismo con todas las preguntas y con todas las respuestas. La segunda de la primera fila correspondía con la tercera de cuarta. La tercera con la última de la derecha… Y así TODAS.
No sé porque me acuerdo de esto ahora.
Recuerdo con ternura la sensación de euforia y orgullo por haber descubierto el truco cuando miré la parte de atrás del juego y descubrí los toscos circuitos que conectaban cada puta respuesta con su puta pregunta. Recuerdo esa emoción. Recuerdo esa vanidosa y torpe sensación de inteligencia.
Recuerdo como a partir de momento no perdí ni una partida.
Y recuerdo como al poco tiempo el juego empezó a aburrirme.