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Secciones Fijas

Comenzaron las Rebajas…

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El Libro de los Condenados, de Charles Fort, “apóstol de la excepción y sacerdote de lo improbable”, en su última edición de Círculo Latino, , ha pasado sorprendentemente a las rebajas: 5, 59 ecus en la mesa de saldos de El Corte Inglés.

Para quien desconozca el clásico de Fort, aquí va una breve reseña:
Charles Hoy Fort fue un señor que dedicó su vida al estudio de todas las ciencias y saberes humanos. Su primera profesión de periodista lo llevó a recopilar obsesivamente recortes de noticias sobre lo que él llamaba “hechos condenados”, sucesos sin aparente explicación que después de una breve reseña en los periódicos desaparecían de la visibilidad pública.
La razón, según Fort: éstos hechos contradecían el andamiaje lógico de la ciencia, no encajaban en la explicación razonable de la realidad. La ciencia, para él no era objetiva: era una conjura que favorecía unos hechos silenciando otros.

Hay un cuento de Borges, “Tigres azules”, que trata de unas misteriosas piedras del oriente. Cada vez que su poseedor abre la palma de la mano para contemplarlas, las piedras, los “tigres azules” del título, suman una cantidad diferente. Los aparentemente inofensivos guijarros pasan a convertirse así en la mayor amenaza para el mundo, porque contradicen el principio de realidad en el que se sustenta todo. Por eso deben desaparecer de la vista de los hombres.
Algo así ocurría para Fort con los hechos que recopilaba: lluvias de ranas y otros animales vivos, nieves negras como el azabache, piedras de meteorito esculpidas, guisantes que caen del cielo. Todo un catálogo de fenómenos silenciados. Pero la obra de Fort no se reduce a una colección de noticias extravagantes: lo que el autor busca es la conexión no evidente de todas estas cosas aparentemente sin relación. A partir de ahí, será posible que se desarrollen nuevos métodos de conocimiento. Porque Fort está convencido de que “todo está en todo”.

El Libro de los Condenados apareció por primera vez en 1919. Está claro que es hijo de los conocimientos de su tiempo, y muchos de los datos que contiene son hoy anacrónicos. Pero no lo es el espíritu y la actitud mental que lo anima.

Puede que su idea de la existencia de una especie de “super-mar de los sargazos” cósmico flotando más allá de la atmósfera de la tierra con toneladas de objetos y materia orgánica que, cada tanto, caerían sobre nuestro mundo en forma de extravagantes y monstruosas lluvias no sea hoy muy aceptable, pero el intento del autor por encontrar una “Explicación Total” resulta algo más que conmovedor.

¡Y que vivan las Rebajas!
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Wilbur Mercer

03.07.08
Lo bueno, La Zona Fantasma
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El hombre que volaba de espaldas

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Ha llegado a mis manos un libro que no puedo dejar de comentar aquí. No es exactamente una novedad, pues se publicó en junio de 2007. Se trata de I shall destroy all the civilized planets! (¡destruiré todos los planetas civilizados!), una excelente recopilación de los mejores trabajos del olvidado y genial Fletcher Hanks.
El libro reúne las aventuras de las dos máximas creaciones en el mundo del comic de este autor singular: el superheroico Stardust the Super Wizard y la inenarrable Fantomah, Mystery Woman of the Jungle.

Ambos personajes nacieron de la mente dipsómana de Fletcher Hanks a finales de los años treinta, y consiguieron publicarse en revistas de tercera línea durante tres años. Luego, su autor se volatilizó.
Hanks era un hombre difícil. Abandonó a su familia después de una vida de maltratos. Se marchó con el dinero que su hijo pequeño logró reunir con la venta de la cerveza de destilación casera que el dibujante le obligaba a elaborar. Putero, alcohólico y pendenciero, murió de hambre y frío en la calle siendo casi centenario.

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Para la posteridad nos legó uno de los primeros superhéroes del mundo del comic, (apareció el mismo año que Superman), para muchos el superhéroe peor dibujado de la historia. Stardust the Super Wizard vive en una estrella, desde donde vigila con su pantalla detectora de criminales, que le indica el lugar exacto en donde se está cometiendo un delito. Está dotado de todos los poderes que uno se pueda imaginar y más. Rayos para esto y rayos para lo otro, no hay situación para la que nuestro héroe no tuviera un rayo específico, ya sea magnético, eléctrico, antigravitatorio, de atracción, de suspensión, retardador, “espectral”, transformador, desintegrador o, simplemente “secreto”.

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Pero a mi manera de ver la principal característica de Stardust the Super Wizard es su particular estilo de vuelo. Stardust vuela de cabeza, como cayendo, o mejor, como si fuera a estamparse contra algo, porque no mira al frente. Vuela así, como disparado, como abandonado a su suerte, con los brazos pegados al cuerpo, y de espaldas al lector. Da la impresión de que vuela dormido, pero no, porque a veces habla mientras vuela. Sobre todo impresiona esto: nunca otro superhéroe en toda la historia del comic se ha atrevido a volar de espaldas al lector. ¿Se ha visto alguna vez un superhéroe tan cool? Así es él.

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Sus breves aventuras no tienen mayores complicaciones: hay malos que intentan destruír al mundo, y Stardust the Super Wizard, con alguno de sus rayos, los acaba reduciendo. Eso sí, no se limita a detenerlos: los castiga con soluciones cuyo sadismo es sólo superado por su surreal inverosimilitud. Más que hacer justicia, Stardust lleva a cabo violentísimas represalias.

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El volumen se completa con algunas aventuras de Fantomah, Mystery Woman of the Jungle, una especie de Tarzán femenina que también vuela y lanza rayos, y que tiene una peculiaridad: cuando entra en acción cambia su angelical rostro por una calavera. No sabemos porqué. Probablemente Fletcher Hanks tampoco lo sabía.

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I shall destroy all the civilized planets! está editado por Fantagraphics

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Wilbur Mercer

24.04.08
Lo bueno, La Zona Fantasma
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Galería de genios olvidados: Franz Antón Mesmer

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Estamos en el interior de un lujoso hotel de la plaza Vendome, en el París de 1780. Un grupo de señoras y caballeros elegantes están sentados alrededor de una gran artesa metálica llena de agua sulfurosa hasta los bordes. Una cuerda los mantiene atados entre sí, y a su vez a la artesa. Suena una música exótica, y entre el humo de los inciensos Mesmer, ataviado con una túnica morada, va tocándolos uno a uno con una varita de metal. Algunos gimen y sacuden la cabeza. Otros caen hacia atrás, los ojos en blanco.

Más allá, en el gran salón de tapices orientales, una hermosa señorita aguarda sentada en un canapé. Mesmer se acerca lentamente, los ojos negros fijos en sus ojos. La joven se agita. Mesmer mueve las manos frente a ella, hacia arriba y hacia abajo, sin dejar de mirarla intensamente, sin pestañear. Ella se retuerce entre alaridos. Los espasmos están a punto de tirarla al suelo, pero Mesmer rápidamente la sujeta y con mano firme la conduce hasta un pequeño cuarto acolchado al fondo del salón. Es el “gabinete de las crisis”.

Mientras tanto, los convulsos personajes atados a la artesa, la “cubeta de la salud” de aguas imantadas, empiezan a volver del trance. Un ayudante los va desatando. Están curados.

Media hora más tarde, se abre la puerta del cuartito del fondo y emerge la hermosa muchacha, las mejillas rojas y el peinado alborotado. Sonríe, está curada. Detrás sale Mesmer, abrochándose la túnica.

Los caballeros y las señoras se van yendo. Antes, pagan generosamente. Paga incluso la muchacha. Porque todos han sido curados.

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Pero, ¿quién es Mesmer?
Es el padre del Mesmerismo, ni más ni menos.
Mesmer estudió medicina en Viena, y sus investigaciones lo llevaron a descubrir lo que él llamó “magnetismo animal”, un fluído vital que impregna todo el universo: los animales, las personas y las cosas.
Descubrió que por medio de unas varas imantadas podía hacer fluir esa energía a través de su cuerpo, y traspasarla a sus pacientes, para curarlos. Más tarde prescindió de varas, le bastaban sus manos.

Llegó a París en un clima de revolución y se convirtió en el médico de moda. La alta sociedad hacía colas frente a su consulta.
Él no se olvidó de los pobres: imantó uno de los árboles de la vecina calle de Bondy, para que los que no pudieran pagar sus honorarios se ataran a él y se beneficiaran de las bondades salutíferas de su magnetismo.

Pero llegaron malos tiempos para Mesmer. Un comité de científicos, bajo órdenes del rey y espoleados por la envidia de su éxito, dictaminó que el “magnetismo animal” sencillamente no existía. Así sin más.

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Mesmer murió pobre y en el exilio, y hoy nadie habla del Mesmerismo.
Sin embargo, un discípulo suyo, partiendo de sus teorías desarrolló una técnica para poner en trance a sus pacientes y curarlos de ciertas enfermedades psicosomáticas. Lo llamó “hipnosis”.
En Viena, un grupo de doctores seguidores de Charcot, que había leído con atención los escritos de Mesmer, desarrollaron una forma de tratar los síntomas histéricos que se empezó a conocer como “psicoterapia”, y más tarde “psicoanálisis”.
Hoy en día los homeopatas no desconocen los efectos de la curación por autosugestión, y las llamadas terapias de grupo son ampliamente utilizadas.

Pero Mesmer sigue sin tener, que yo sepa, ni una triste estatua en Viena, en Praga o en París, ciudades atestadas de monumentos a cabrones con caballo.
Una injusticia como tantas.

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Wilbur Mercer

09.04.08
La Zona Fantasma
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El Depósito de Dinero del Tío Gilito

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Una de las ilusiones de mi infancia era llegar algún día a vivir en un Depósito de Dinero como el del Tío Gilito. Un edificio así, imponente aunque de líneas sencillas, sólido sin perder elegancia, confortable y perfectamente adaptado a su función de contener toneladas de lustroso dinero, que diríase pensado por alguno de los genios de la Bauhaus, ésa era entonces mi idea del hogar perfecto. Ahora si me preguntan digo que un chalé a la orilla del mar, por no parecer infantil, pero lo cierto es que odio el mar, y el Depósito de Dinero sigue siendo mi ideal de vivienda.

En un artículo que leí hace tiempo sobre las utopías, el autor se preguntaba, con razón, por qué nunca nadie había planteado un mundo utópico en el que todos los hombres fueran ricos. Es así: de los cientos de libros escritos sobre el tema se ha especulado con sociedades ideales de todo tipo y color. En donde todo el mundo es bueno, o todo el mundo es feliz; todos son esclavos, o todos son sabios; o todos locos, o todos justos, o libres, o bisexuales o amargados o héroes o parias. Pero nunca nadie se planteó un mundo en donde todos fuéramos ricos. Todos inmensamente ricos.Y es raro porque bien mirado debiera ser lo primero que se le tendría que pasar por la cabeza a un utopista, digo yo. La sociedad más evidentemente idílica sería justamente esa.

Veamos sino al Tío Gilito, el personaje más feliz de la extraña fauna de Disneylandia: Creado por Carl Barks, como la mayoría de los personajes de la Disney, Scrooge McDuck, uncle Scrooge (en español se llamó, según las traducciones, Tío Rico, Rico McPato, Tío Patilludo o Tío Gilito), nació inspirado en el avaro del Cuento de Navidad de Dickens, pero rápidamente adquiriría rasgos inequívocamente propios.
El Tío Gilito es un personaje feliz. Quizás el más netamente feliz de toda la recua de patos neuróticos y alienados que pueblan la improbable geografía de Patolandia. Yo al menos cada vez que pienso en estas viejas historietas me viene a la cabeza la imagen gozosa del Tío Gilito nadando eufórico entre las inabarcables montañas áureas de su maravilloso Depósito de Dinero. Creo que ninguna imagen me hizo soñar con tanta intensidad en mi niñez: el tío Gilito se levantaba todas las mañanas y abría la puerta blindada de su Depósito de Dinero. La puerta daba a un trampolín de piscina olímpica, debajo del cual se amontonaba el dorado oleaje de monedas de oro (ni Hugh Hefner lo hubiera diseñado mejor), y una vez allí, con una exaltación del espíritu que se diría más bien inspirada por Walt Withman que por Walt Disney, se zambullía literalmente entre las miles de millones de doradas moneditas con vivificante placer, y allí parecía rejuvenecer con cada brazada.

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Porque el Tío Gilito es ante todo un esteta. Él no tiene su dinero en billetes ni talones bancarios, ni valores bursátiles ni letras del Tesoro, y no hablemos de tarjetas de crédito. No. Él tiene monedas. Monedas doradas. Montañas y montañas de monedas doradas, en las que puede zambullirse cada mañana. Y de hecho que yo recuerde su única propiedad es justamente el contenedor de esas montañas de monedas: el Depósito de Dinero.

El Tío Gilito no tiene el dinero para gastarlo. El dinero es para él motivo de disfrute puramente estético. Es un fin en sí mismo. Él no se compra coches de lujo, ni va a restaurantes caros. Él nunca se iría de putas cada noche como haríais vosotros si tuvierais su fortuna. No. A él no lo tientan los cantos de sirena de la vulgaridad materialista en la que el mundo chapotea. Él es un asceta y un idealista. Frugal, vive con lo justo. A él le alcanza con revolcarse cada mañana en sus montañas de dinero. No necesita otra cosa para ser feliz. Él es como un rey Midas pero en versión positiva: mientras que el rey, que todo lo que tocaba se convertía en oro, era tremendamente desgraciado, el Tío Gilito, transformándolo todo en oro es, en cambio, feliz. Porque él no aspira a lo que el oro pueda comprar, él disfruta del oro en sí, no ambiciona más que la contemplación de esta noble materia.

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Por eso el niño medio-pobre que fuí siempre se identificó con el Tío Gilito: porque a los pobres lo que les gusta es el lujo. No los vulgares bienes materiales, el lujo en sí mismo, el lujo como goce estético. Esa es la verdadera grandeza. Miremos, por contra, al pato Donald: con su vivienda unifamiliar, conduciendo un utilitario, con su novia hortera (ese lazo en la cabeza, esa blusa de mangas abuchonadas…), y haciéndose cargo de tres patitos que ni siquiera son hijos suyos, ¿a qué clase de niño puede hacer soñar semejante personaje? No, el Tío Gilito siempre fue el modelo y la inspiración. Ni Transformers, ni Supermanes, ni PowerRangers. El Tío Gilito y su maravilloso Depósito de Dinero: el auténtico Master of the Universe.

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Wilbur Mercer

11.03.08
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El verdadero Aspecto de Dios

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Es éste un asunto que ha generado tantos quebraderos de cabeza y tantas estériles discusiones filosóficas que me veo ya casi en la obligación de dar una respuesta contundente, explicar el punto bien clarito y dejar zanjada la cuestión.

¿Qué Aspecto tiene Dios?
Tanta confusión sobre el tema se lo debemos, como no, a los nórdicos. Tanto metafisico alemán y tanto escolástico flamenco no han hecho más que enredar y han ido orientando la discusión sobre una base absurda: que Dios no tiene forma, que es un concepto, una entelequia, una abstracción… O cosas como “una esfera cuyo radio es infinito y cuyo centro está en todas partes”. Tonterías así.

El dedo en la tecla parece ser que lo dio, finalmente, no un teólogo ni un místico iluminado sino Salvador Dalí, a quien se le atribuye el feliz enunciado: “Dios tiene la forma de un hombre de un metro de estatura”.
Ya la frase misma lo deja todo expresado con bastante claridad y no podemos dejar de estar de acuerdo con su sencillez y exactitud, pero por ser escrupulosos desarrollaremos la idea:

Lo razonable es pensar que el creador tendrá más entidad que la creación. Dios tiene que ser, por fuerza, más consistente que nosotros. En este punto aciertan los budistas al afirmar que el mundo es Ilusión. El mundo es, lógicamente, una imagen generada, una proyección del creador. Si tomamos cualquier imagen reproducida en un periódico, y la vemos a través de la lente de una lupa, veremos que está formada por infinidad de puntitos microscópicos, aislados entre sí y flotando en el vacío. Desde una cierta distancia, este grupo de puntitos generan una ilusión de realidad: una imagen.

Nuestro mundo también está construído por puntitos microscópicos flotando en el vacío. No lo digo yo, lo dice la Física. Formamos algo parecido a uno de esos cuadros “puntillistas”, prueba evidente de que somos una imagen, una reproducción.

Siguiendo escrupulosamente a la ciencia, tenemos que un hombre, entonces, es una serie de microscópicas partículas aisladas separadas entre sí por vacío, por Nada.
Si eliminamos estos espacios de Nada tendríamos un hombre pero, por así decirlo, reconcentrado en materia pura, un Hombre Absoluto, de materia verdaderamente material, rechoncho, compacto y auténticamente real, de una densidad inimaginable, que contendría la totalidad de las energías universales. Y mediría, por tanto, un metro de altura (por lo que corresponda de ancho).

Ya luego Dalí agregaba que Dios, siendo Dios, no podía tener esa barba radical-socialista con la que se lo representa habitualmente, pero creo que dicha afirmación es un poco arbitraria y no tiene mayor justificación. Yo al menos nunca me he tomado demasiado en serio esta última observación.

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Wilbur Mercer

18.02.08
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El golpe maestro de Richard Dadd

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Richard Dadd fue un pintor victoriano. Un pintor de género, de ese género tan específico de Gran Bretaña que es la llamada “pintura de hadas”. El cuadro que se convirtió en su obra maestra lo pintó en su celda acolchada del manicomio de Bedlam, porque Richard Dadd también cultivó ese otro género tan típicamente inglés: el de asesino victoriano.

Dadd era un joven pintor de cuadros de fantasía. No el más destacado de su generación, pero moderadamente dotado y de sólido oficio. En 1842 emprende con un amigo un viaje por Europa y el cercano oriente. Un día, en El Cairo, se une a un grupo de hombres que estaban fumando en narguile. Dadd se sentó a fumar y, según testimonios, continuó fumando ininterrumpidamente los siguientes cinco días con sus noches. A estas pipas de agua los ingleses las suelen llamar “hubble bubble” o “hubbly bubbly”, por el sonido característico que producen al bombear aire a través del agua. El caso es que Dadd creyó comprender que este gorgoteo era un lenguaje. Siguió fumando su pipa sin parar, intentanto descifrar el código. Escuchó y escuchó atentamente el burbujeo hasta que hacia el quinto día fue capaz de identificar un mensaje completo. Era según sus declaraciones posteriores, un mensaje de Osiris en persona. El dios egipcio, que según el mito murió desmembrado, le había hecho un encargo desde el más allá, a través del lenguaje de la pipa. Dadd tenía ahora una misión que cumplir.

Su compañero de viaje percibió un cambio en la conducta del amigo, y lo envió de regreso a Inglaterra. Allí se le diagnosticó un “golpe de calor”, y se le prescribió reposo. Dadd fue enviado a pasar una temporada al campo, con su padre viudo.
Ambos salieron una tarde a dar un paseo por el bosquecillo cercano a la casa, y allí, en medio de un claro, Richard le parte la cabeza a su padre con un golpe de machete, y a continuación desmembra su cuerpo. El pintor desaparece, pero las pruebas en su contra son concluyentes y es detenido pocos días después en Francia, cuando estaba a punto de degollar a otro hombre. Entre sus pertenencias la policía encontró una larga lista de personas que Richard debía eliminar, algunas de ellas grandes personalidades como el Papa de Roma. El primero de la lista era su propio padre.

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Richard Dadd es confinado de por vida (tenía entonces 27 años) en el hospicio de Bedlam. Allí comienza la ejecución de “El golpe maestro del leñador-duende”, una pintura relativamente pequeña (54 x 39 cms.) en la que estuvo trabajando durante nueve años sin interrupción (no tenía muchas distracciones en su celda…). “El golpe maestro del leñador-duende” sorprendió porque su calidad supera con mucho a la de todas las obras que hasta el momento había realizado. Él era un pintor de cierto talento, pero en esta obra sale a relucir el genio. En la reducida superficie del lienzo se concentran tal cantidad de detalles superpuestos que llevaría horas apreciarlos en su totalidad. De hecho, la pintura es literalmente tridimensional, debido a la cantidad de capas que Dadd, obsesivamente, fue agregando a lo largo de los años.

La obra es hoy una de las piezas maestras de la colección de la Tate Gallery (si vais a londres, no dejéis de verla). Hasta el grupo Queen le llegó a dedicar un tema (The fairy feller’s master-stroke). Pero, ¿qué se ve, exactamente, en el cuadro? Vemos el claro de un bosque, de floración desbordante y alucinada. Desperdigada por toda la superficie, vemos a una multitud de “gente pequeña”: duendes, hadas, trasgos de expresión burlona o lasciva. Todos observan expectantes hacia el centro de la escena. El tiempo parece hechizado, detenido en un instante. Allí, en el medio, un leñador-duende, de espaldas a nosotros, sostiene su hacha, a punto de dar el golpe. La tensión es absoluta, es el segundo antes de la descarga, que nunca sucederá. Delante del leñador, en el sitio que será alcanzado por el golpe, hay… nada.
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Wilbur Mercer

30.01.08
La Zona Fantasma
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Grandes conspiraciones del siglo XX: El caso William Campbell

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De los grandes complots que marcaron el siglo, ninguno es tan inquietante como el que vamos a recordar hoy.
Ni la misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I, ni el asesinato de JFK llegaron a sacudir los cimientos de nuestra civilización occidental como lo hizo la asombrosa confabulación que ocultó la muerte de uno de los integrantes del grupo musical más famoso del mundo: los Beatles.

Hagamos memoria y recapitulemos:
Paul McCartney muere en un terrible accidente de coche un día de noviembre de 1966.
La discográfica de los Beatles, con la venia del resto del grupo, organiza un “concurso de dobles”, del que sale elegido un tal William Campbell, policía canadiense aficionado a la música, como sustituto del beatle muerto.
Hasta aquí todo bien. Campbell no solo es idéntico físicamente a Paul; además canta como Paul, toca el bajo igual que Paul y es un compositor tan dotado como Paul. Solo que no es Paul. Es William.

El caso es que el grupo empieza a dejar “pistas” en todos sus discos, que hacen referencia a la muerte del beatle, y esto desata una auténtica fiebre conspiranoica que dispara a cientos de miles de “mulders y scullys” de todo el mundo a la frenética búsqueda de claves secretas de la gran confabulación.

Hasta unos 100 mensajes cifrados se han llegado a detectar en la obra del cuarteto, que aireaba de esta manera el secreto de la muerte de Paul. No quiero ni imaginar el terrible trauma, la increíble presión psicológica que este proceso debió suponer para el pobre William Campbell.

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Las pistas son tantas que sería imposible dar cuenta de todas, así que recordaremos las más llamativas.
Las portadas de los discos: Están repletas de referencias a la muerte de McCartney. Los fans de todo el mundo las han analizado de forma harto más minuciosa que a la trayectoria de la bala que mató a Kennedy, sin duda alguna.
En tres de ellas (Sgt. Peppers, Yellow Submarine y Revolver) hay una mano abierta encima de la cabeza de Paul. Esto, según la tradición india, señala a una persona que ha muerto recientemente.
En la famosa portada del Sgt. Peppers, además, se escenifica claramente un funeral. Y en la tierra, debajo de las flores rojas que forman la palabra “beatles”, vemos unas flores amarillas que dibujan la forma de un bajo (el instrumento de Paul). Si miramos con atención, veremos que las flores forman también la palabra “PAUL?”.
En la contraportada, el falso Paul es el único de los cuatro que aparece de espaldas.
La portada de Abbey Road también escenifica un cortejo fúnebre. La vestimenta de los cuatro nos sugiere que John va de predicador, Ringo de doliente, George de sepulturero y Paul, descalzo y con los ojos cerrados, de difunto. Es, además, el único que marcha con el paso cambiado y lleva un cigarrillo en la mano derecha (cualquiera sabe que McCartney era zurdo). La matrícula del coche de la izquierda no deja lugar a dudas: 28IF, es decir, Paul tendría 28 años SI (if) estuviera vivo.

Sería ocioso ahondar aquí en las pistas contenidas en las letras de las canciones. Baste decir que prácticamente todas traen alguna referencia a la muerte de Paul. No es exagerado afirmar que algunas canciones han sido escuchadas más veces del revés que del derecho, en la inacabable tarea de desenterrar mensajes cifrados.

En fin, a pesar de lo abrumador de las evidencias, William Campbell nunca ha llegado a ser oficialmente desenmascarado. ¿mito o realidad? En la Zona Fantasma preferimos creer que así es como ha sucedido todo. Porque un complot de estas magnitudes es lo que les faltaba a los Beatles para ser, efectivamente, más grandes que Jesucristo (del que por el contrario se dice que no murió realmente en la cruz, que el crucificado era un doble y que Él se casó con María Magdalena, pero esto es ya otra historia).


Wilbur Mercer

04.01.08
La Zona Fantasma
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La venganza tiene un nombre: Dr. Phibes

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“Nueve la mataron, nueve morirán, nueve malditos para la eternidad”.
Si Shakespeare hubiera aguantado quinientos años más habría acabado escribiendo la historia del abominable Dr. Phibes, la encarnación misma de la Venganza y la máxima creación del genial Vincent Price.

“El Abominable Dr. Phibes” se rodó en 1971 a las órdenes de Robert Fuest, director inglés que contaba en su haber con unos cuantos episodios de la serie Los Vengadores. Con un impresionante elenco encabezado por Vincent Price y Joseph Cotten, la película lo tiene todo: asesinatos, música, suspense y decorados art deco.

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Hagamos una breve sinopsis: El Dr. Phibes, un culto cirujano experto en música y teología culpará de la muerte de su amada esposa a los nueve médicos que la atendieron tras un aparatoso accidente de coche (él ha quedado horriblemente desfigurado y es dado por muerto). Phibes prepara la venganza: asesinará a los médicos inspirándose en cada una de las plagas bíblicas, en un alarde de imaginativa crueldad y sofisticado sadismo.

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Nuestro moderno y descontrolado Orestes se refugia en una especie de bunker art deco. Cubre su rostro desfigurado con una máscara que es la impasible cara de Price. Entre crimen y crimen, toca un llamativo órgano de tubos de metacrilato, acompañado por una orquesta de autómatas. Para poder hablar, se conecta a un gramófono por medio de un cable a un orificio en el costado del cuello. Y se alimenta introduciendo una cuchara en el mismo orificio (ésta es una escena especialmente encantadora). Siempre está acompañado por su fiel Vulnavia, la misteriosa ayudante muda, y por el cadáver de su amada Victoria.

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En este género que, si no existe, debería ser definido como “cine de venganza”, el desarrollo habitual de la historia suele ser el siguiente: durante las primeras tres cuartas partes del metraje el protagonista sufre un rosario de humillaciones, hasta que se produce su reacción final, una catarsis de violencia desatada. En “El Abominable Dr. Phibes” se nos ahorra la parte del melodrama. Desde el principio de la película el buen doctor es ya un asesino demente, un siniestro genio del mal. Y nos queda toda la extensión del filme para disfrutar junto a él del sabor de la venganza. Porque Phibes es ante todo un esteta. Un esteta de los años 70 pero aún así, a su manera, un refinado en esto del crimen.

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Al año siguiente se estrena una segunda parte, “El regreso del Dr. Phibes” (Dr. Phibes Rises Again, 1972) en el que nuestro héroe, que ha estado hibernando durante diez años, nos lleva hasta Egipto con su criogenizada esposa. Allí, intentará revivirla utilizando los secretos de los faraones, y de paso nos brindará otro extravagante catálogo de asesinatos concebidos a la manera de las bellas artes.
Aquí también encontramos originalidad. Normalmente, en este tipo de películas algo acaba fallando y el malvado no se sale con la suya. Pero esta vez el sádico doctor conseguirá la tan ansiada vida más allá de la muerte para su hermosa Victoria, y encima nos habrá dejado dos de las mejores películas de la historia del cine.

Y nos recuerda de paso que la venganza es un manjar condimentado en el infierno.

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Wilbur Mercer

10.12.07
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La verdad sobre los OVNIs

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“Los platillos volantes existen, claro que sí, pero no vienen de otros planetas. Los construímos nosotros”.

Esta sorprendente revelación nos viene de boca de un anciano nacionalsocialista, rememorando sus tiempos de oficial del Tercer Reich. Afirmaciones como ésta pueden parecer chocantes a primera vista, pero el caso es que no ignoramos que los primeros avistamientos de OVNIs se registran a partir de 1947, y nunca antes.

Sabemos que los aliados tenían noticias, hacia el final de la guerra, del desarrollo de extraños “aviones circulares” propulsados por un motor giratorio central.

Sabemos que las primeras noticias en la prensa mundial referidas a estos avistamientos no dudaban en identificarlos como “armas del enemigo alemán”.

Muchas de estas primeras noticias mencionan que los aparatos avistados lucían la svastica en su reluciente superficie.

En 1950, un comerciante de cereales californiano tuvo la oportunidad de ver de cerca a un par de ocupantes de uno de estos platillos, que había tomado tierra en el linde de su propiedad, y declaró que dichos tripulantes se comunicaban “en perfecto alemán”.

Sin embargo, comenzada la década de los cincuenta, se deja de mencionar a los nazis y toman popularidad en la prensa las versiones del supuesto origen extraterrestre de los misteriosos discos volantes. Una evidente maniobra distractiva de la inteligencia americana. Pero, ¿qué pasó con los OVNIs de Hitler?

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Se ha fantaseado mucho con que el Tercer Reich habría llegado a establecer una base en la cara oculta de la luna, muchos años antes de la llegada de los americanos al satélite. Absurdo, desde luego. Una explicación más razonable nos dice que los platillos volantes fueron trasladados por el Reich a una base en la Antártida, desmontados y transportados en submarinos plegables (también se encontraron planos de estos ingenios al finalizar la guerra). El Reich seguiría así, a traves de una élite de las SS, operando en el polo sur, desde el que se llevarían a cabo periódicamente vuelos de estudio sobre Europa y América, que serían tomados erróneamente como de origen extraterrestre.

Yo recuerdo un comic del pato Donald que leí de niño: el pato y su familia viajaban a la Antártida y se encontraban con una civilización de pingüinos evolucionados. Los pingüinos manejaban una tecnología más avanzada que la del hombre (bueno, que la del pato) basada en el dominio de una misteriosa energía. Se afirma que los nazis andaban a la búsqueda del dominio de una energía total a la que llamaban “vril”. Se dice que hacia el final de la guerra podrían haber descubierto y dominado esta energía. Corría el rumor de que los platillos volantes del Tercer Reich utilizaban un sistema antigravitatorio impulsado por un “motor a implosión”, ecológico y eficaz, desarrollado por el científico alemán Viktor Schauberger, en detrimento del judaizante motor a explosión.

Volviendo a la Antártida, puede que los pingüinos evolucionados acabaran a la larga pilotando los OVNIs nazis. Puede que ya exista un Cuarto Reich de pingüinos nacionalsocialistas superdesarrollados que nos vigilan, esperando el momento de entrar en acción. Y cuando ese momento llegue, nos pillarán distraídos mirando estúpidamente hacia Marte.

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Wilbur Mercer

26.11.07
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Salvación Eterna… o te devuelven el triple de tu dinero!!

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¿Te sientes vacío, a veces? ¿Sientes que tu vida no tiene sentido? ¿Sospechas que las cosas son peores de lo que realmente creíste? ¿Necesitas respuestas? ¿La gente cree que eres raro? ¿Lo eres realmente?

¡¡Despierta!! ¡¡Entérate!! ¡¡Arrepiéntete!! ¡¡Deja tu trabajo!! ¡¡Serás salvado… aunque te cueste la vida!!

Estas exhortaciones, y más, muchas más, te caerán si te pones en manos de la Iglesia del SubGenio, una de las tantas nuevas (des)organizaciones religiosas que nos llegan de América, el país de los devoradores de credos.

En esta tierra de las oportunidades, en donde cada hombre puede fundar su propia Iglesia, escribir su propia Biblia, y hacerse rico por ello, la variedad de la experiencia religiosa va de los cultos personalistas, como la Iglesia Presleyteriana del Divino Elvis, hasta las parodias como la Iglesia del Monstruoso Spaghetti Volador (integrada por los autodenominados “pastafaris”). Pero sin duda la más radical, combativa, trascendente y, sobre todo, divertida, es la Iglesia del SubGenio (”Respuestas Instantáneas a TODO”), formada hace décadas a partir de una escinción del Discordianismo (el culto a Eris, diosa pagana del caos y la confusión, surgido en los años cincuenta por impulso del escritor Robert Anton Wilson).

Centrémonos, pues, en el Ministerio del SubGenio. La Figura central y su principal icono es la cara sonriente de un hombre fumando en pipa: es J. R. “Bob” Dobbs, su gurú y mesías.

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“Bob”, un vendedor, o mejor dicho, el más grande vendedor de todos los tiempos, según las escrituras, el “supervendedor místico”, fundó la Iglesia a partir de una revelación que le sobrevino mientras miraba la televisión. Viendo un programa de teletienda recibió la visión de “Jehova I, Dios del Espacio”, dios extraterrestre proveniente de una galaxia pecadora y corporativa, quien lo conminó a iniciar una cruzada en contra de la conspiración mundial de los “normales”, los mediocretinos conformistas y adaptados que pululan por el mundo, llenándolo de aburrimiento.

“Si actúas como un imbécil, te tratarán como a un igual”, sostiene “Bob” en el Libro del Subgenio, enseñanzas sagradas de J. R. “Bob” Dobbs, la biblia del Ministerio. Por ello insiste en la importancia de emanciparse del mundo de los “normales”, a partir de sus inspiradoras enseñanzas: “Tú puedes aprender a pensar por tí mismo!! …Pero sólo “Bob” puede decirte cómo!!”

¿Y cómo escapar a la conspiración de los “normales”? Según “Bob”, manteniendo la “Feb” (Fe en “Bob”), y teniendo “slack”. El tener “slack” es lo que distingue a los subgenios de la gente normal, y lo que salvará a los miembros de la iglesia (que se consideran, dicho sea de paso, descendientes del Yeti), el día del apocalipsis, de la destrucción total. De más está decir que sólo “Bob” puede decirte cómo conseguir “slack”.

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Éste acontecimiento, el Día Final, conocido por los miembros de la Iglesia como el Día X, sobrevendrá cuando el mundo sea destruído por invasores extraterrestres, y sólo los subgenios serán rescatados por un comando de Diosas Sexuales del Espacio, que descenderán con su nave en mitad de la devastación para rescatar a los acólitos.

Ahora bien: el Día X había sido anunciado para el 5 de julio de 1998, fecha que pasó sin pena ni gloria y sin que, evidentemente, se consumara el apocalipsis. La jerarquía de la Iglesia del SubGenio solventó el contratiempo explicando que J. R. “Bob” Dobbs, al leer la fecha tenía accidentalmente las sagradas escrituras al revés, por lo que debe entenderse que el Día X sucederá entonces en el año 8661, en lugar de en 1998.

Y es que, como sostiene “Bob”, nunca es demasiado pronto para comenzar a ser pesimistas.

Mientras tanto, la lucha para vencer a la conspiración mundial de los “normales” continúa. Por la módica suma de 30 dolares, y siguiendo otro de los preceptos de la Iglesia, “deberás pagar para llegar a saber lo que realmente piensas”, cualquiera que esté dispuesto puede convertirse en miembro de por vida del ministerio del SubGenio. Incluye, además un Certificado Oficial Multipropósito de absolución y condonación de TODOS los pecados, transgreciones, vicios, errores, faltas, lapsus, indiscreciones o crímenes; para siempre, y libre de impuestos. Ya lo proclaman sus escrituras: “Vive con tus pecados!! “Bob” Dobbs puede mostrarte cómo!!” y también: “Él ha venido para racionalizar tus pecados!!”.

Por el ministerio del SubGenio han pasado celebridades del calibre de Frank Zappa o Robert Crumb, y en los últimos años su actividad ha florecido gracias a la milagrosa amplificación que ofrece internet. Porque, para citar una vez más a “Bob” Dobbs, “demasiado siempre es mejor que insuficiente (pero casi igual de malo)”.

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The Book of the SubGenius, the Sacred Teachings of J. R. “Bob” Dobbs está editado por The SubGenius Foundation y Fireside Book, Simon & Shuster.


Wilbur Mercer

12.11.07
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Cuando los dinosaurios dominaban Guanajuato

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Hubo un tiempo en que hombres y dinosaurios vivían en paz y armonía. Incluso más que armonía: en lujuriosa concupiscencia.

Hoy rendiremos homenaje a los tesoros de una antigua y extraña civilización, la incomparable cultura de Acámbaro, y al hombre que la descubrió para el mundo: Waldemar Ludwig Julsrud.

Waldemar Julsrud era un joven alemán, culto e inquieto, que llegó a México huyendo del horror de la primera guerra mundial. Se dedica allí a los negocios y llega a hacer fortuna. Hacia los años cuarenta, durante un paseo a caballo, tropieza con unas pequeñas figuras de arcilla, desenterradas por las lluvias cerca del poblado de Acámbaro, al sudeste del estado de Guanajuato y a menos de trescientos kilómetros de ciudad de México.

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Entusiamado por lo que parecían ser los restos de una cultura prehispánica hasta entonces desconocida, hace un trato con uno de los peones de su finca: le dará un peso por cada figurita que el hombre consiga desenterrar del yacimiento.
Día tras día, el incansable peón se presenta ante su patrón con una nueva pieza. Al principio, máscaras, vasijas o figuras de hombrecillos en posturas rituales. Poco a poco, sin embargo, van apareciendo figurillas de lo que son, inequívocamente, dinosaurios.

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Dinosaurios de todas las especies conocidas, y de algunas más: tiranosaurios, brontosaurios, diplodocos, mastodontes y demás fauna supuestamente extinguida hace sesenta y cinco millones de años. Sorprendentemente, hay escenas que los muestran compartiendo espacio con los hombres. Más sorprendentemente aún, en algunas de ellas se los ve manteniendo relaciones íntimas.
Sexo entre hombres y dinosaurios. Imaginemos el calibre del descubrimiento que se presentaba ante los ojos de Julsrud.
Su esforzado peón, para entonces, había conseguido desenterrar unas 37.000 piezas, todas originales. Ninguna se repetía.
Cuando se difundió la nueva, surgieron opiniones reticentes en la comunidad científica internacional. Aquellas estatuillas, que más parecías salidas del interior de un huevo Kinder que de las entrañas de la tierra cambiaban por completo la historia universal. Inmediatamente se realizaron pruebas de carbono 14, y más tarde de termoluminiscencia, para datar las piezas. El resultado fue contundente: entre 2000 y 3000 años antes de cristo.

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No faltaron las voces escépticas. Se decía que la datación podía determinar la antigüedad del material, pero otra cosa era el modelado. La arcilla podría provenir de un yacimiento antiguo, y las figurillas ser obra de un ingenioso alfarero contemporáneo. El buen Waldemar Julsrud estaba fuera de toda sospecha, él jamás se lucró de su descubrimiento, y siempre cuidó de la inmensa colección, que llegó a ocupar doce cuartos de su finca, con desinteresado cariño.
Otra cosa era el peón, cuyo sueldo de jornalero se había visto incrementado notablemente a peso por pieza. Se sugirió incluso que este buen hombre se podría haber inspirado en las películas que se proyectaban en el cine local, así como en los tebeos y demás literatura popular de la época.

A nosotros esta polémica nos parece irrelevante. 37.000 piezas de cerámica son, por sí solas, constitutivas de toda una cultura. ¿Qué más da si las hicieron los antiguos acambarenses o un peón de finca de imaginación enfebrecida? Supongamos que mañana descubrimos que el acueducto de Segovia no es obra de ingenieros de la antigua Roma sino de una familia de vascos que pasaba por allí de vacaciones. ¿Cambiaría eso en algo su valor? en absoluto.

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Os animamos, pues, a todos los que paséis por Guanajuato, a visitar el maravilloso Museo Waldemar Julsrud, solemnemente inaugurado en 2002 en el municipio de Acámbaro, y contempléis la extraordinaria colección que representa, a todas luces, una historia alternativa del mundo.


Wilbur Mercer

29.10.07
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Orgasmos en el cielo: Wilhelm Reich y el “cañón rompenubes”

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La historia de cómo este prestigioso psicólogo vienés, discípulo y protegido de Sigmund Freud llegó a dominar el clima y a desencadenar a voluntad las tormentas y las lluvias es uno de los hitos más fascinantes del desaforado siglo XX. Merece que le dediquemos unas líneas a esta gesta y a su genial autor: Wilhelm Reich.

Reich llegó a la cima de su reconocimiento como psicólogo en 1926 con la publicación de un libro revolucionario: “La función del orgasmo”. En él venía a concluir que la energía desplegada durante un buen polvo equilibraba las funciones del organismo, dando paso a un individuo sano.
Pronto comprendió que esta energía, muy evidente durante la descarga orgásmica, se encontraba en realidad diseminada en todo el espectro de la creación, como una especie de halo vital, una energía que “precede a la materia y la genera”, justamente lo contrario que la energía atómica (que parte de la destrucción de la materia). Consiguió aislarla y definirla en su mínima unidad: el Orgón, y a partir de ella creó una nueva ciencia, la orgonomía. Aquí comienza su historia de genio incomprendido: sus teorías sexuales le valieron la expulsión de varios países de Europa por inmoral y agitador, de la Asociación Psicoanalítica por comunista y del partido comunista por freudiano.

Así las cosas, recala en los Estados Unidos y acaba desarrollando su creación más celebrada, que lo colocaría a la altura de un Einstein: el “acumulador de orgón” y su aplicación más espectacular: el Cloud-Buster o cañón rompenubes, con el que demostraría que los cielos tienen sexo.

Partiendo de su idea de que la energía sexual y la energía cósmica son dos manifestaciones de una misma cosa, llegó a la conclusión de que si un buen orgasmo era capaz de regular el buen funcionamiento del cuerpo humano, la potencia orgiástica de la capa atmosférica que recubre la tierra podía ser redistribuida para modificar el clima allí donde fuese necesario. El instrumento diseñado para tal empresa fue el Cloud-Buster, un cañón compuesto por un haz de tubos de un mínimo de cuatro metros de longitud que, apuntados convenientemente hacia un sector del firmamento no disparaba nada. Porque el cañón de Reich no disparaba. Absorbía. Con sus tubos huecos dirigidos hacia el centro de una nube de vapor de agua, Reich calculaba que el exceso de “energía orgónica” concentrada sería aspirado y reconducido a través del artefacto hacia el fondo de algún lago cercano.

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Así, en 1953, en unos terrenos de su propiedad, Reich apuntó con su cañón al centro de una nube y esperó. Al tiempo la nube comenzó a disgregarse: ¡¡el experimento había sido un éxito!!. Reich pensó, con buena lógica, que si el Cloud-Buster tenía el poder de disolver una nube, también podría llegar a formarla. Todo consistía en apuntar esta vez a la periferia de la nube, a una zona donde el cielo estuviera despejado. Así lo hizo y esperó. Esperó, y entonces… ¡¡una pequeña nube comenzó a formarse ante sus ojos!! Reich habrá sonreído bajo la lluvia desatada: había triunfado.
Intentó entonces el “más difícil todavía”. ¿Qué pasaría si el cielo estuviera totalmente limpio, sin rastro de tormenta? ¿sería capaz el Cloud-Buster de formar una nube en esas condiciones? Dirigió otra vez los tubos al cielo un soleadísimo día de primavera y esperó, otra vez esperó, y esperó más tiempo. Y en un determinado momento, una nubecilla algodonosa apareció en el firmamento, despejando toda duda: el Cloud-Buster funcionaba, sólo le requería más tiempo reagrupar los excedentes de “energía orgónica” traídos desde tan lejos.

Las autoridades americanas, puestas en aviso sobre las actividades del genio, lo llevaron ante los tribunales. La excusa: lo acusaron de vender acumuladores de orgón, “simples cajas vacías”, según los jueces. Siguiendo órdenes estatales, sus publicaciones fueron quemadas en acto público, y Wilhelm Reich murió en la cárcel en 1957.

Un inexplicable manto de olvido recae hoy sobre la obra de Reich, el padre del orgasmo cósmico. Él llevó la idea de la libertad sexual hasta sus últimas consecuencias, y eso le valió persecuciones y desprestigio. Él fue el primer hombre de ciencia en reivindicar el sexo como fuente de salud y de placer, y de paso provocar la lluvia en zonas de sequía. ¿Por qué el mundo desprecia a sus prohombres?


Wilbur Mercer

23.10.07
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El sueño de la nación propia

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¿Tendrá el Vaticano una bomba atómica?
Nadie parece haberse hecho la pregunta siquiera. Sin embargo, si consideramos que este estado de tan solo 500 m2, habitado por venerables ancianitos y con el índice de natalidad mas bajo del mundo (oficialmente, al menos) está entre los estados mas ricos y prósperos, la pregunta viene sola: ¿cuál es su argumento disuasorio frente a la rapiña de las grandes potencias, de las naciones hegemónicas?

En el fundamental ensayo “How to start your own country”, Erwin Strauss establece una clasificación de las llamadas Micronaciones (también llamados contrapaíses, naciones ficticias, o el más chulo de “nationettes”), desde las de territorio físico muy pequeño, como una isla, hasta los que llegan a tener por propio territorio la vivienda de su fundador.
El caso es que Strauss viene a concluir que el procedimiento más eficaz para establecer un estado soberano reconocido y respetado por la comunidad internacional es poseer una bomba atómica. Creo que es un consejo razonable, viendo como se manejan los hilos de la alta política. Si yo quisiera, pongamos por caso, fundar Wilburlandia, libre y soberana, debería empezar por comprar plutonio en las subastas de e-bay.
Exceptuando el Vaticano, quizas el caso más conocido de micronación sea el del Principado de Sealand. Fundado en 1967 por el dueño de una radio pirata inglesa en una antigua plataforma militar abandonada en medio del mar del norte, (500 metros cuadrados y alrededor de 5 habitantes fijos) y que saltara a la prensa hace un par de años debido a las estafas cometidas por algunos de sus ilustres ciudadanos, amparandose en el pasaporte o el título de nobleza obtenidos en el Principado. Porque hay que decir que la fuente de divisas y única industria de muchas de estas micronaciones es la venta por internet de pasaportes, sellos postales, titulos nobiliarios o actas de matrimonio. Y es que la posibilidad, siquiera remota, de llegar a convertirse en paraísos fiscales las hace especialmente atractivas.
Otro caso reseñable es el de la República de Kalakuta, en África, fundada por el músico y político Fela Kuti en el espacio físico de un nigth-club de su propiedad, en Lagos. Este autodenominado estado independiente fue demolido tiempo después por la junta militar que gobernaba Nigeria, causando un considerable número de heridos.
Hay también interesantes “naciones virtuales”, que parten de la base de que no es necesario el accidente de nacer en un punto concreto de la geografía para sentirse compatriota de una comunidad de individuos con ideas o creencias afines. En la República de Baja Arizona, cuyo lema es “si estás armado y eres peligroso, te queremos con nosotros”, el visitante ocasional tiene el derecho a elegir bandera, himno y autoridades.
Y hay más, muchas más. El Estado Mental de Evrugo, creado por el artista plástico Zush, que nombró a su marchante embajador plenipotenciario, el Reino de Talossa, el Imperio Imperial de Jahn, la República de Laputa, el Dominio de Asphinxia… hasta tienen sus organizaciones intermicronacionales que las nuclean: la “Espléndida Microunión de Microstasia” (S.P.U.M.), o la más radical “Liga de los Estados Secesionistas” (L.O.S.S.), que afirma sin despeinarse que sólo habrá paz en el mundo cuando TODOS los habitantes se independicen de sus países de origen para dar lugar a “un mundo de diez mil millones de naciones”.
¿Cada uno con una bomba?
Lo que nos lleva a la pregunta del principio: ¿esconden los sótanos del Vaticano una bomba atómica? ¿Eh?


Wilbur Mercer

15.10.07
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El Mal, el Marketing y el Merchandising

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Para los que creen que la exitosa unión entre la fascinación por el mal y el consumo de souvenirs comenzó con Darth Vader, es que no conocen a su verdadero inspirador: Anton Szandor LaVey, el llamado “Papa negro”, fundador de la Iglesia de Satán, y su santísima trinidad: Mal, Marketing y Merchandising.

A quien quiera ahondar en la vida y obra de este simpático gurú recomiendo desde ya el imprescindible libro “Satán en Hollywood”, de Jesús Palacios (Valdemar). Aquí sólo se trata de evocar a través de su ejemplo una de las premisas fundamentales necesarias para comprender cabalmente nuestra época: el Mal y el Marketing son una y la misma cosa.
Su representante en la Tierra durante la segunda mitad del siglo XX fue Szandor LaVey. El Papa negro se formó profesionalmente en el circo, como organista y domador de leones en una feria itinerante. En 1966 abre sus puertas la Casa Negra, una vieja mansión y antiguo prostíbulo de San Francisco, que se convertiría en la primera sede de la Iglesia de Satán. Allí, LaVey empieza a atraer a un número creciente de personajes del mundo del arte, la política y la alta sociedad de la costa oeste, gracias a su talento para el efecto: cráneo rasurado y perilla a lo mefistófeles, capa de satén negra y carmesí y capucha con cuernitos, un altar con velas negras y un león como mascota (un superviviente de sus días en el circo).

La Iglesia de Satán va prosperando gracias a sus atractivas puestas en escena. LaVey celebra misas, bodas retransmitidas por TV y entierros (ofició incluso el funeral de un oficial de la marina de los Estados Unidos). Hizo correr el rumor de que su columna tenía una vértebra de más, a manera de cola, y pronto tuvo una nutrida agenda de conferencias por todo el país, sobre temas tales como ocultismo, magia negra o canibalismo. Participó como asesor en la película “La semilla del diablo”, de Polansky, y fue un invitado muy solicitado en las mejores fiestas de la alta burguesía californiana.

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El secreto de su éxito radicó en abrir y popularizar el satanismo, haciéndolo más accesible. Fue, para que nos entendamos, el equivalente tenebroso de un Juan XXIII. A diferencia de otros ilustres satanistas como Crowley, la doctrina de LaVey no incidía tanto en la recuperación de rituales paganos precristianos, antiguas religiones mistéricas o complicados textos herméticos. Lo suyo consistía más bien en una parodia blasfema del rito católico. Una especie de cristianismo al revés, una caricatura de la religión oficial. Así, sus misas negras no incluían sangrías de cabras ni destripamientos de aves de corral, sino que eran liturgias vistosas con hermosas señoritas en pelota, cuyas fotografías vendía luego a revistas masculinas con considerable beneficio.
Publicó también una “Biblia Satánica”, hasta el día de hoy un éxito de ventas (y objeto imprescindible en el estante de la habitación de cualquier adolescente de ropajes negros y amante del black metal).
En los años ochenta el gobierno americano se dedicó a investigar sus actividades, sin resultados: la Iglesia de Satán pagaba religiosamente los impuestos.

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LaVey creó, en definitiva, una próspera empresa familiar satánica, décadas antes que los Osbournes. A ella contribuyeron activamente sus dos últimas esposas, y, a la muerte del Papa negro, sus dos hijas asumieron la dirección de la iglesia.
Sus últimos años transcurrieron discretamente, escribiendo cada tanto algún artículo para Playboy, mientras su hija mayor se ocupaba de la coordinación de la fuerza de ventas: una amplia gama de productos con los colores corporativos negro y rojo y el logotipo de la Iglesia de Satán, dirigidos a todos aquellos que no quieren sentirse “parte del rebaño”.
Todo lo demás, las doctrinas de inspiración nieztcheana acerca de la supremacía del más fuerte sobre el débil y de la conquista del Poder Absoluto, han quedado ya en un segundo término. Después de todo, en ese aspecto el catolicismo ha demostrado mucha más eficacia, y hoy en día el Papa Ratzinger da más miedo que el luciferino LaVey y su capucha cornamentada.

El Papa negro murió en 1997, en un hospital regentado por monjas. En su lápida dice “solo me arrepiento de las veces en las que he sido demasiado amable”.


Wilbur Mercer

08.10.07
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El planeta redentor

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En la última Feria del Libro me dieron un folleto con la imagen de un gran globo rojo y, en letras tamaño catástrofe: “PLANETA GIGANTE SE ACERCA A LA TIERRA”. En un recuadro destacaba “NO ES FICCIÓN”. Comprenderán que me sintiera alarmado. El panfleto promocionaba un libro, “Hercólubus, o Planeta Rojo”. Su autor, V. M. Rabolú. El texto me advertía de que un gran planeta, Hercólubus, se acerca a gran velocidad hacia la Tierra. Se decía, sin embargo, que en el libro uno encontraría la fórmula para salir con buen pie de la colisión interplanetaria.
Confieso que esa noche no pegué ojo. ¿Qué clase de sabiduría encerraba el dichoso librito? ¿Cómo sería posible salir bien parado de lo que a todas luces parecía una muerte segura, la aniquilación total de nuestro mundo? ¿Quién era V. M. Rabolú?
Al día siguiente corrí a echarle un vistazo al libro, y recorrí internet de cabo a rabo en busca de información.

V. M. Rabolú (la V. y la M. son las iniciales de Venerable Maestro) es originario de Colombia, de profesión gnóstico, y discípulo aventajado de Samael Aun Weor, fundador de la Gnosis Samaeliana. El Venerable Rabolú escribió su mundialmente famoso libro a partir del uso de “sus facultades cognoscitivas positivamente despiertas”. En él nos describe con inusual franqueza lo que ocurrirá con la Tierra a raíz de la llegada de Hercólubus (¡todo indicaría que ya se encuentra en las proximidades de Plutón!) y, lo más importante, cómo debemos proceder para salvarnos del cataclismo.

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Hercólubus es un planeta seis o siete veces mayor que Júpiter. Está al parecer compuesto por un material que absorbe la luz y apenas la refleja, manteniéndolo fuera del espectro visible. Describe una órbita elíptica y pasa cada 6.666 años cerca de la Tierra. La vez anterior habría causado el hundimiento de la Atlántida y el Diluvio Universal. En su próxima e inminente visita provocará terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, epidemias y desequilibrios mentales masivos.
Esto al principio.
Al acercarse más, se producirá el vuelco de los ejes de rotación de la Tierra, haciendo que los polos se trasladen al ecuador y el ecuador a los polos. Por su descomunal tamaño, la órbita del planeta será imposible de detener o desviar.

Pero volvamos al libro del Venerable Maestro Rabolú: lejos de estar preocupados, debemos felicitarnos por nuestra buena suerte, puesto que Hercólubus es un planeta purificador, que viene hacia la Tierra para limpiarla del mal y la suciedad con que los seres humanos la hemos afeado.
Hercólubus vendría a ser como una gran bayeta apocalíptica que cada cierto tiempo limpia y adecenta nuestro planeta azul, nuestro hogar cósmico. De hecho, advierte Rabolú que si el paso del planeta y su cataclismo desinfectante demorara mucho, los hombres con su maldad intrínseca se destruirían entre sí de una forma horripilante. Incluso parece ser que ya estamos a un paso de presenciar “revoluciones sangrientas, ateísmo, materialismo, bolchevismo y anarquismo, intelectualismo, pérdida de la vergüenza orgánica, drogas, alcohol, prostitución total de la mujer, explotación, etc, etc”. Frente a este panorama, se comprende que Hercólubus sea nuestra única esperanza. La gran catástrofe que nos espera se convierte en “una necesidad impostergable”.

Ahora bien, se preguntarán ustedes, como hice yo, cuál es el procedimiento por el cual los que hayan comprado el libro de Rabolú consigan escapar al cataclismo. En sus notas finales, nos explica el Venerable Maestro que debemos comenzar por desintegrar el Ego, y subsanar así nuestros defectos psicológicos. Evitar el desastre está en nosotros mismos, en abrir los ojos y generar un cambio de Amor y de Luz que modifique la mala forma en que hemos conducido nuestra vida en la Tierra. Una vez llegado el choque, los que hayan trabajado por la Luz y purificado su Ego habrán alcanzado los niveles energéticos vibratorios necesarios para ingresar a la cuarta dimensión a la que pasará la Tierra como consecuencia de los ajustes orbitales y los cambios físicos producidos, y en donde iniciarán “un nuevo período evolutivo” en el flamante paraíso, “vibrando a una frecuencia de 13 ciclos por segundo”, en consonancia con la luz del sol. Borrón y cuenta nueva.

En cuanto al resto, las “fuerzas involucionistas” (los que no hayan comprado el libro), desencarnarán y serán abducidos por la propia atmósfera de Hercólubus, que vibra en una frecuencia tan baja que es capaz de succionar a todos los espíritus acordes con esta sintonía.
Avisados estáis.


Wilbur Mercer

01.10.07
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Elemental, mi querido Conan Doyle

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Damas y caballeros, examinen atentamente la fotografía que reproduzco más arriba: una imagen de 1917 de una niña rodeada por un corro de alegres hadas. ¿Dirian que es una falsificación, un montaje? Según un largo listado de reputados expertos, encabezados por el “padre” de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle, esta imagen es auténtica.

El asunto de las “hadas de Cottingley”, el pequeño pueblo inglés en donde se tomaron las fotos, despertó una gigantesca polémica en la prensa de la época. Dos niñas, Frances y Elsie, contaron a sus padres que en el bosquecillo a donde iban a jugar habían visto hadas. Como no les creían, una tarde llevaron la cámara fotográfica de su padre. El resultado, una serie de instantáneas que mostraban a las niñas rodeadas de elegantes y saltarines personajes diminutos, ataviados a la última moda y con alas de mariposa a sus espaldas. El asunto no tuvo mayor trascendencia hasta que un par de años después las placas caen en manos de Arthur Conan Doyle, escritor y creador del célebre detective Sherlock Holmes. Sir Arthur, muy impresionado, recurre al peritaje de expertos en fotografía de la casa Kodak, quienes certifican que ni los negativos ni las copias están trucados. Técnicamente hablando, las fotos son auténticas.
Siguiendo con la pesquisa, resuelve visitar el lugar de los hechos y entrevistarse con las niñas y su familia, unos humildes obreros de Yorkshire.
En 1920, tres años después de tomadas las fotografías, y luego de muchas investigaciones, peritajes, entrevistas, consultas a expertos, idas y venidas, publica un largo y concienzudo estudio en la prestigiosa revista Strand Magazine, revelando al mundo el hallazgo de lo que llamó con toda justicia “un hito en la historia de la humanidad”: la prueba de que “en la superficie de nuestro planeta existe una población tan numerosa como la de la especie humana”. Se trata de los popularmente denominados “hadas y duendes”, los primeros, “un compuesto de humano y mariposa”, mientras que los segundos “se acercan más a los lepidópteros”.

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El extenso artículo, que dió la vuelta al mundo y que luego se publicaría, ampliado, en forma de libro, desarrolla por medio de un formidable despliegue de lógica deductiva las características de esta nueva raza. Así, leemos que [esta especie] “se distingue de nosotros por la simple diferencia de la frecuencia de sus vibraciones”. Puesto que “tan sólo podemos ver aquello que se encuentra dentro de los límites del espectro luminoso (…), a un lado y a otro de ese espectro hay infinitas vibraciones que no pueden captar nuestros ojos. Si fuésemos capaces de imaginar una variedad de seres hechos de una sustancia que emite vibraciones más largas o más cortas que las nuestras, éstos seres resultarían invisibles en la medida en que no ‘sintonizaríamos’ con su frecuencia”.

Ahora bien, al agudo y perspicaz padre de Sherlock Holmes no se le escapaba que para que algo pueda ser fotografiado tiene que tener sustancia física. Con impecable lógica dedujo que, aunque de un orden más sutil que el que normalmente pueden registrar nuestros sentidos, éstos seres son materiales: están compuestos de una especie de “envoltura fluídica” que a veces puede hacerse visible y tangible. Una sustancia que se encontraría “justo más allá del nivel de percepción de los sentidos normales del hombre”. Ésta sustancia fluídica, por lo que vemos en la foto, también alcanzaría a la indumentaria, porque las hadas lucen vestiditos plisados, leotardos, cinturones y diademas para sujetar sus modernos peinados “a la francesa”.

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Finalmente, el libro (hay una edición en español: “El misterio de las hadas”, Arthur Conan Doyle, ediciones Olañeta) se completa con un exhaustivo catálogo razonado de los especímenes (forma, peso, color, alimentación…) según su especie o su nacionalidad (las hadas inglesas son mayormente verde esmeralda, las holandesas violeta oscuro…). Y un epílogo interesante por parte de los editores: setenta años después, en 1982, la Kodak reabrió la investigación, y su mayor experto se declaró incapaz de afirmar que las fotos eran falsas.

A mí la verdad es que no me parece importante si las fotos son reales o falseadas, ni si existen los duendes o no. Lo que me llega a maravillar es la capacidad de la lógica para justificar razonablemente prácticamente cualquier cosa a través de una argumentación bien construída. Dentro de la lógica todo es posible, hasta la Santísima Trinidad. Sólo hacen falta un grupo de expertos y un informe.


Wilbur Mercer

24.09.07
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Criswell predice!!

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Lo recordamos saliendo de un ataúd para advertirnos de los peligros de una invasión del espacio exterior en Plan 9 from Outer Space, película en la que se interpreta a sí mismo. Pero lo cierto es que antes de formar parte de la troupe que se convertiría en mito cinéfilo junto a Edward Wood Jr. (y que se popularizaría gracias a la película Ed Wood, de Tim Burton), el vidente y futurólogo Criswell era ya una auténtica celebridad brillando con luz propia en los hogares americanos de la década de los 50.

Su sorprendente carrera comenzó cuando, trabajando como hombre del tiempo en una televisión local, olvidó el pronóstico y tuvo que improvisar las previsiones para el día siguiente. Acertó de pleno. A partir de ahí, tomó por costumbre dar las noticias del tiempo por el método de la adivinación, consiguiendo muchos más aciertos que los meteorólogos.

Pero la fama de Criswell alcanzó su cenit al predecir con sorprendente precisión el asesinato de Kennedy en noviembre de 1963. Y es que, a diferencia de otros videntes, Criswell no se andaba por las ramas: sus predicciones carecían de la ambigüedad habitual de las del resto de los adivinos profesionales. Él daba datos y fechas precisos, hablaba alto y claro. Miles de familias americanas seguían con devoción Criswell Predicts, el programa televisivo de este moderno Nostradamus.

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A continuación, transcribo una selección de algunas de sus más impresionantes predicciones, tomadas del libro “Ed Wood, Platillos Volantes y Jerseys de Angora”, de M. A. Parra y D. Panadero (T&B editores). Juzguen ustedes:

- En 1970 Fidel Castro será asesinado por una mujer.

- En 1979 los científicos utilizarán un tratamiento de rayos para curar la delincuencia juvenil, que convertirá a los pacientes en mansos conformistas.

- Del 28 de noviembre al 21 de diciembre de 1980 un escape de gas provocará ataques de canibalismo en Pittsburgh. Más de mil hombre hambrientos de carne y sedientos de sangre deambularán por las calles atacando a víctimas inocentes.

- En 1981, para regular el control de la natalidad, se disolverá anticonceptivos en el abastecimiento de agua y se alterará la electricidad con ciertas partículas iónicas que impedirán futuras concepciones.

- Mae West será la primera mujer elegida presidente de los Estados Unidos. Cinco años después, realizará un viaje a la Luna acompañada por el propio Criswell y el pianista Liberace.

- En 1982 el planeta errante Bullarion colisionará contra la Tierra causando terremotos y tormentas en todo el planeta, cambiando las costas y haciendo resurgir la Atlántida.

- Del 11 de febrero al 11 de mayo de 1983 se producirá un ataque de calvicie femenina debido a los humos que contaminan el aire de St. Louis. Los maridos harán cola en los juzgados para divorciarse.

- Del 11 de mayo de 1988 al 30 de marzo de 1989 una nube de fragancia afrodisíaca causará una lujuria incontrolable a lo largo y ancho de todos los Estados Unidos. ¡Muchos hombres exhibirán sus atributos en público!

- El 18 de octubre de 1988 un meteorito gigante impactará contra Londres, generando un cráter de 8 millas.

- El 9 de junio de 1989 Denver, Colorado, será atacada por una extraña presión del espacio exterior que hará que todo lo sólido se convierta en una masa gelatinosa.

- El 10 de marzo de 1990 tendrá lugar la primera convención interplanetaria de colonos humanos de la Luna, Marte, Venus y Neptuno, reunidos en una ciudad neutral para todos sus intereses: Las Vegas.

- El 1 de junio de 1995 se formará en la Tierra un estado de Utopía, debido a la desaparición de los combustibles fósiles, los tabúes de la desnudez, la enfermedad, el crimen, los mercados económicos, las gafas, la ropa interior ajustada, los deportes y la inseminación natural.

- En 1999, 200 colonias espaciales preservarán a los últimos supervivientes de la humanidad cuando, el 18 de agosto, el oxígeno de toda la Tierra sea aspirado por una fuerza misteriosa.

El gran Criswell tuvo la precaución de morirse antes de que se cumplieran las fechas de la mayoría de estos imponentes vaticinios. Hizo bien. Nuestros actuales videntes y astrólogos deberían tomar nota y seguir su ejemplo.


Wilbur Mercer

17.09.07
La Zona Fantasma
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El Bluesman que cayó del cielo

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Si tuviéramos que pensar en una banda sonora para la Zona Fantasma, tan dudoso honor correspondería a Sun Ra, pianista y arreglista de jazz, nacido en Saturno y emigrado a Alabama.
Lo recordaremos, a él y a una película mítica: The Space is the Place, probablemente la primera, y única, blaxploitation de ciencia ficción de la historia del cine.

Sun Ra, que se consideraba a sí mismo un científico mas que un músico (componía en base a una mezcla de matemáticas, teorías cabalísticas y astrología, y se autodenominaba “sabio de los sonidos”), llegó a la Tierra con una misión clara y concreta: salvar a la humanidad a través de la música de jazz. Sus comienzos fueron relativamente convencionales, influído por la música tradicional de Nueva Orleans, pero poco a poco, como un Clark Kent del Mississipi va dejando fluir su inspirado talento extraterrestre (como dijimos, siempre declaró haber nacido en Saturno, y ser hijo de un dios egipcio). Como los anillos de su planeta natal, su música va evolucionando en círculos concéntricos hasta alcanzar su original sonido cósmico de estructuras disonantes e inusuales. La música de las esferas.
Para ello creó, en los años cincuenta, su “arkesta”, mezcla de orquesta y arca, que llegó a reunir a más de cien músicos en escena, con la que recorrió el mundo, dando conciertos que mezclaban música, teatro, mitología egipcia y letras que hablaban de viajes espaciales, otras dimensiones o ecuaciones solares. Creador también de su particular vestuario, que podríamos calificar de afroespacial, o quizás etnocósmico. Trajes de faraón marciano o de dios egipcio extraplanetario, más cercanos al Keops Hotel Casino de Las Vegas que a las pirámides del valle del Nilo.

En 1974 se estrenó una película, The Space is the Place, dirigida por John Conley, protagonizada por Sun Ra y basada en su sistema músico-cosmológico. Formalmente, es una película de ciencia ficción, pero atendiendo a su argumento, podemos considerarla prácticamente una cinta autobiográfica. Veamos:

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